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Salud

AstraZeneca se comprometió a vender “al costo” 2.000 millones de dosis de la vacuna de Oxford contra el coronavirus

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También Johnson & Johnson dijo que la presentaría, globalmente, a un precio fijo y accesible que no comporte ganancia. Ejecutivos de la empresa farmacéutica, junto con otros de Moderna, Merck y Pfizer, participaron de una audiencia en el Comité de Energía y Comercio de la Cámara de Representantes de Estados Unidos

Al menos una vacuna contra el COVID-19 —pero quizá algunas, en plural— estará lista a comienzos de 2021, y entre las dos más promisorias, la de la Universidad de Oxford contará con una producción, a cargo de AstraZeneca, de 2.000 millones de dosis sin fines de lucro: esos fueron las revelaciones más importantes que se realizaron en una audiencia virtual ante el Congreso de los Estados Unidos, en la que participaron ejecutivos de AstraZeneca, Moderna, Johnson & Johnson, Pfizer y Merck.

También Johnson & Johnson se comprometió a presentar al mercado un producto accesible para la mayoría de las naciones y las personas: tendrá un mismo precio global para su vacuna, más allá de las diferencias de ganancias de sus otros productos en distintos territorios. Estimó que, para los Estados Unidos, haría 400.000 dosis.

Tanto AstraZeneca como Johnson & Johnson recibieron fondos del gobierno: respectivamente, USD 1.200 millones por 300 millones de dosis y USD 500 millones. Solo Moderna, la tercera compañía que lo hizo, por un total de USD 536 millones, dijo que no la venderá al costo. Hasta ahora los Estados Unidos dispusieron de casi USD 2.300 millones para el esfuerzo de encontrar una vacuna.

Diana DeGette, presidenta del Subcomité de Supervisión e Investigaciones, parte del Comité de Energía y Comercio del congreso estadounidense, condujo la audiencia virtual.

Diana DeGette, presidenta del Subcomité de Supervisión e Investigaciones, parte del Comité de Energía y Comercio del congreso estadounidense, condujo la audiencia virtual.

Los principales laboratorios en la búsqueda de la vacuna contra el COVID-19 hicieron un resumen de sus investigaciones y planes en videoconferencia con el Comité de Energía y Comercio de la Cámara de Representantes, cuyo Subcomité de Supervisión e Investigaciones preside Diana DeGette, demócrata de Colorado. Si bien algunos de sus miembros preguntaron reiteradamente sobre la posibilidad de conseguirla antes de que termine 2020, ninguno de los representantes de las compañías farmacéuticas quisieron comprometerse a eso debido a la necesidad de garantizar la seguridad de cualquier forma de inmunización.

Pfizer no aceptó esos recursos los recursos gubernamentales precisamente para acelerar su investigación, argumentó John Young, director de negocios del laboratorio. “Quisimos tener la capacidad de avanzar hacia los ensayos clínicos de nuestra candidata tan rápido como nos resultara posible”, dijo. “El precio que podremos a nuestra potencial vacuna será acorde a la emergencia global sanitaria que enfrentamos. Una vacuna pierde sentido si la gente no puede pagarla”.

Macaya Douoguih, de Johnson & Johnson, agregó que es posible “acelerar el desarrollo de la vacuna y asegurar la seguridad” a la vez. “Confiamos en que todos aquellos que participan en la respuesta a la pandemia de COVID-19 están dedicados a desarrollar soluciones lo más rápidamente posible, y las múltiples tecnologías de vacunas que se están empleando permiten diversos ritmos de desarrollo en diferentes fases”.

Mene Pangalos, vicepresidente ejecutivo de AstraZeneca, anunció que la compañía hará 2.000 millones de dosis sin fines de lucro de la vacuna que desarrolla con la Universidad de Oxford.

Mene Pangalos, vicepresidente ejecutivo de AstraZeneca, anunció que la compañía hará 2.000 millones de dosis sin fines de lucro de la vacuna que desarrolla con la Universidad de Oxford.

La representante de Merck, Julie Gerberding, dijo que “no se tomarán atajos de seguridad” en las dos candidatas que investiga la compañía y que “la velocidad es importante, pero no vamos a comprometer la eficacia, la calidad y sobre todo la seguridad científicas, a pesar del sentimiento de urgencia que todos tenemos”. Gerberding brindó los datos menos optimistas: “No sólo no queda mucha capacidad [de fabricación de vacunas] disponible, sino que no siempre se puede pasar con facilidad de hacer una vacuna a hacer otra”. Y para cubrir la demanda que presenta el coronavirus la industria global necesita “aproximadamente el doble de su capacidad de producción actual”.

Todos los laboratorios aseguraron que sus productos tendrán una eficacia de al menos el 50%, que es el umbral fijado por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) para todas las vacunas en general, y que se aplicará también a la que combata el SARS-CoV-2. También todos aseguraron que ofrecerán garantías de seguridad.

Macaya Douoguih, de Johnson & Johnson, dijo que la compañía tendrá un precio único y accesible, en todo el mundo, para su vacuna.

Macaya Douoguih, de Johnson & Johnson, dijo que la compañía tendrá un precio único y accesible, en todo el mundo, para su vacuna.

Stephen Hoge, presidente de Moderna, además de reiterar la importancia que tiene para su compañía (que prueba una plataforma de vacuna novedosa, basada en el ARN del virus, su material genético), detalló que se hicieron acuerdos con un fabricante suizo que tiene oficinas en los Estados Unidos y otros países del mundo a fin de lograr una capacidad de manufactura superior a los 500 millones de dosis.

Moderna presentó los primeros resultados de su ensayo clínico una semana antes de la audiencia ante el comité de representantes: su producto demostró la capacidad de crear anticuerpos. Poco después Oxford y AstraZeneca mostraron resultados similares: además de anticuerpos, su vacuna estimulaba los linfocitos T, claves para la memoria de la inmunidad. Moderna espera ser el primero que llegue a la fase 3 de los ensayos clínicos, a finales de julio.

AstraZeneca, que también se encuentra en la fase 2, estuvo representada por su vicepresidente ejecutivo, Menelas Pangalos, quien dijo que espera tener datos de la etapa final de la fase 2 o quizá de comienzos de la 3 hacia octubre. “Tenemos la intención de brindar acceso amplio a esta terapia, si se aprueba o se autoriza para uso de emergencia, en los Estados Unidos y en todo el mundo”.

Stephen Hoge, presidente de Moderna, dijo a los representantes que su firma tendrá una capacidad de manufactura superior a los 500 millones de dosis.

Stephen Hoge, presidente de Moderna, dijo a los representantes que su firma tendrá una capacidad de manufactura superior a los 500 millones de dosis.

La manera de lograrlo sería con una producción inicial de 2.000 millones de dosis sin fines de lucro, que se fabricarían a partir de una cadena de suministros global que ya está estableciendo. Y la manera de llevar adelante la vacunación sería mediante los acuerdos que la empresa británico-sueca ha firmado con los Estados Unidos, otros países y varias organizaciones internacionales. “El costo de las dosis de la vacuna según esos acuerdos no dará ganancias a AstraZeneca”, dijo.

Douoguih dijo que Johnson & Johnson, comprometido a fabricar una vacuna accesible, la pondría a disposición de la ciudadanía “sobre una base sin fines de lucro, para uso de emergencia por la pandemia”. Para establecer el precio solicitará la comprobación de auditores exteriores. Ese valor se aplicará en todos los países del mundo, más allá de que algunos suelan ser más rentables y otros menos para otros productos. Sus ensayos en humanos comenzarán en julio y, si se comprueban los resultados positivos, espera llegar a la fase 3 en septiembre.

Julie Gerberding, vicepresidenta ejecutiva de Merck, aseguró que “no se tomarán atajos de seguridad” en las dos candidatas a vacuna que investiga la compañía.

Julie Gerberding, vicepresidenta ejecutiva de Merck, aseguró que “no se tomarán atajos de seguridad” en las dos candidatas a vacuna que investiga la compañía.

Merck, que posee el record de mayor rapidez en el desarrollo de una vacuna —cuatro años para lanzar en 1967 su inmunización contra las paperas—, también tiene experiencia como para saber que a veces las cosas no salen como se espera. “Si se demuestra que los enfoques desarrollados por otros son superiores a los que persigue Merck, trabajaremos para apoyar esos esfuerzos en beneficio de la salud mundial”, dijo Gerberding.

Aunque el laboratorio recibió USD 38 millones de fondos gubernamentales, su ejecutiva no dijo nada sobre la cuestión del precio. En cambio, señaló la importancia de que la población esté bien informada, en alusión muy indirecta al movimiento anti-vacunas. “Necesitamos comenzar ya a generar confianza en las nuevas vacunas y a enfrentar los crecientes niveles de desinformación en lo que respecta a la pandemia. Estamos consternados por la continua diseminación de información que es errónea o engañosa”.

John Young, director de negocios de Pfizer, explicó que el laboratorio no aceptó recursos gubernamentales para "avanzar hacia los ensayos clínicos de nuestra candidata tan rápido como nos resultara posible”.

John Young, director de negocios de Pfizer, explicó que el laboratorio no aceptó recursos gubernamentales para “avanzar hacia los ensayos clínicos de nuestra candidata tan rápido como nos resultara posible”.

Hoge, de Moderna, coincidió en que existe “un déficit de confianza” y que será necesario “un esfuerzo amplio” para asegurar que las vacunas contra el coronavirus, una vez aprobadas, sean de adopción masiva. Douoghih, de Johnson & Johnson, agregó: “La reticencia a las vacunas es un reto mayor a medida que pasa el tiempo, y ciertamente existirá para la del COVID-19. “La divulgación, las discusiones y los materiales educativos tienen que ocurrir ahora”.

Pfizer, que invirtió USD 1.000 millones de fondos propios en la vacuna, trabaja en cuatro candidatas, asociado a la compañía alemana BioNTech. “Estamos en una posición única, con el conocimiento y la experiencia, la capacidad de fabricación y los recursos financieros para contar con el potencial de completar una vacuna”, dijo Young. Dos de sus candidatas han recibido permiso de la FDA para acelerar las pruebas y se espera que entren en fase 2 a fines de julio.

Si todos los ensayos progresan adecuadamente, Pfizer podría producir 1.300 millones de dosis, a nivel global, en 2021. Young fue el único ejecutivo que se aventuró a hablar de un producto listo antes del fin de 2020: si todo saliera perfectamente bien y en octubre o noviembre pudiera pedir el permiso de las autoridades sanitarias, podría tener hasta 100 millones de dosis en diciembre. “Tengo gran confianza en que nuestra industria puede prevalecer en el resultado final de nuestra batalla contra el COVID-19, en que la ciencia va a triunfar”, concluyó.

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Asesor de Alberto Fernández asegura que Argentina podría tener su propia vacuna contra el coronavirus

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Así lo aseguró Tomás Orduna, infectólogo del Hospital Muñiz e integrante del equipo asesor sobre la pandemia del presidente Alberto Fernández.

“La Argentina podría tener en algún momento una vacuna propia contra el coronavirus Covid-19, pero por ahora hay que reducir los niveles de ansiedad y extremar las medidas de cuidado personal, como usar barbijo y mantener la higiene”, señaló este jueves el infectólogo del Hospital Muñiz Tomás Arduna.

Arduna, quien integra el comité de asesores de Presidencia, dijo que si bien hay desarrollos científicos evolucionando en distintos países, llegar a la vacuna “no se trata de una carrera ni de un ‘Grand Prix'”.

Hasta que la vacuna esté aprobada y disponible, la mejor vacuna es la solidaridad y la responsabilidad. Al extremar las medidas de cuidado personal, barbijo e higiene, estoy cuidando a otros. Y eso es recíproco”, señaló el experto en el marco de un ciclo de charlas abiertas de la Fundación OSDE.

Sobre el desarrollo de vacunas, el especialista pidió “bajar la ansiedad”, y consideró que “en lo que queda de 2020 y probablemente parte del año próximo, la clave seguirá siendo la concientización y el llamado a la responsabilidad”.

Se mostró optimista sobre los avances de la ciencia argentina, al sostener que se podría tener “una vacuna propia, para abastecer al mercado local, pero también para la región”.

Dijo que “no se trata sólo de quién tiene primero la vacuna sino con qué criterio se va a distribuir, quiénes van a acceder a ella”.

“Junto con el agua potable, las vacunas han constituido la mayor mejora en materia de salud pública, y por eso deberían ser universales”, señaló.

Advirtió finalmente que “cuando se cortan los planes de vacunación, vuelven a aparecer enfermedades que no se habían visto por años, como el sarampión en el Cono Sur”.

Por su parte, la jefa de Enfermedades Infecciosas del Municipio de San Isidro, Elena Ubieta, advirtió sobre la necesidad de no interrumpir la vacunación.

“Los padres deben cumplir con el calendario de vacunación de los chicos, aún en medio de la pandemia, esto es fundamental para mantener a raya al resto de las enfermedades”, señaló.

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Salud

La pandemia amenaza con extinguir los avances contra la tuberculosis, el VIH y la malaria

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Las cuarentenas y las interrupciones a las cadenas de suministro podrían deshacer los progresos hechos en los últimos 20 años.

Comienza con una fiebre leve y un malestar, seguido de una tos dolorosa y falta de aliento. La infección prospera en las multitudes, extendiéndose a las personas más cercanas. Para contener un brote es necesario localizar los contactos, así como aislar y tratar a los enfermos durante semanas o meses.

Esta insidiosa enfermedad ha tocado todas las partes del mundo. Es la tuberculosis, la mayor causa de muerte por enfermedades infecciosas en todo el mundo, que se cobra 1,5 millones de vidas cada año.

Hasta este año, la tuberculosis y sus aliados mortales, el VIH y la malaria, estaban en descenso. El número de víctimas de cada enfermedad en la década anterior llegó a su punto más bajo en 2018, el último año del que se dispone de datos.

Sin embargo, ahora, a medida que la pandemia de coronavirus se extiende por todo el mundo, consumiendo los recursos sanitarios mundiales, estos adversarios perennemente desatendidos están regresando.

El doctor Giorgio Franyuti en un hospital en México, donde actualmente atiende pacientes de coronavirus. Debido a la pandemia, ha tenido que dejar atrás su labor en la selva, atendiendo casos de tuberculosis (Meghan Dhaliwal/The New York Times).

El doctor Giorgio Franyuti en un hospital en México, donde actualmente atiende pacientes de coronavirus. Debido a la pandemia, ha tenido que dejar atrás su labor en la selva, atendiendo casos de tuberculosis (Meghan Dhaliwal/The New York Times).

“COVID-19 corre el riesgo de descarrilar todos nuestros esfuerzos y llevarnos de vuelta a donde estábamos hace 20 años”, dijo el Dr. Pedro L. Alonso, director del programa mundial de malaria de la Organización Mundial de la Salud.

No es sólo que el coronavirus haya desviado la atención científica de la tuberculosis, el VIH y la malaria. Los cierres, particularmente en partes de África, Asia y América Latina, han levantado barreras insuperables para los pacientes que deben viajar para obtener diagnósticos o medicamentos, según entrevistas con más de dos docenas de funcionarios de salud pública, médicos y pacientes en todo el mundo.

El temor al coronavirus y el cierre de clínicas han mantenido alejados a muchos pacientes que luchan contra el VIH, la tuberculosis y el paludismo, mientras que las restricciones a los viajes por aire y por mar han limitado gravemente la entrega de medicamentos a las regiones más afectadas.

Alrededor del 80% de los programas de tuberculosis, VIH y malaria en todo el mundo han informado de interrupciones en los servicios, y 1 de cada 4 personas que viven con el VIH han informado de problemas para acceder a los medicamentos, según la ONU sobre el SIDA. Las interrupciones o retrasos en el tratamiento pueden provocar resistencia a los medicamentos, que ya es un problema grave en muchos países.

En la India, donde se registran alrededor del 27% de los casos de tuberculosis en el mundo, los diagnósticos han disminuido en casi un 75% desde que comenzó la pandemia. En Rusia, las clínicas de VIH se han vuelto a destinar a las pruebas de coronavirus.

Un paciente de coronavirus recuperándose en un hospital de Méxicp (Meghan Dhaliwal/The New York Times).

Un paciente de coronavirus recuperándose en un hospital de Méxicp (Meghan Dhaliwal/The New York Times).

La temporada de la malaria ha comenzado en África Occidental, donde se produce el 90% de las muertes por malaria en el mundo, pero las estrategias normales de prevención (distribución de mosquiteros tratados con insecticidas y rociado con pesticidas) se han reducido debido a los cierres.

Según una estimación, un cierre de tres meses en diferentes partes del mundo y un retorno gradual a la normalidad en un plazo de 10 meses podría dar lugar a otros 6,3 millones de casos de tuberculosis y 1,4 millones de muertes por esta causa.

Una interrupción de seis meses de la terapia antirretroviral podría provocar más de 500.000 muertes adicionales por enfermedades relacionadas con el VIH, según la OMS. Otro modelo de la OMS predijo que en el peor de los casos, las muertes por malaria podrían duplicarse hasta 770.000 por año.

Varios expertos en salud pública, algunos a punto de llorar, advirtieron que si las tendencias actuales continúan, es probable que el coronavirus haga retroceder años, tal vez décadas, de laborioso progreso contra la tuberculosis, el VIH y el paludismo.

El Fondo Mundial, una asociación público-privada para luchar contra estas enfermedades, estima que para mitigar estos daños se necesitarán por lo menos 28.500 millones de dólares, una suma que es poco probable que se materialice.

Tapiwa Mungofa, un médico que trabaja en un hospital en Zimbabwe que debió cerrar su centro de atención a tratamiento de pacientes con tuberculosis por la pandemia (Cynthia R. Matonhodze/The New York Times).

Tapiwa Mungofa, un médico que trabaja en un hospital en Zimbabwe que debió cerrar su centro de atención a tratamiento de pacientes con tuberculosis por la pandemia (Cynthia R. Matonhodze/The New York Times).

Si la historia sirve de guía, el impacto del coronavirus en los pobres se sentirá mucho después de que la pandemia haya terminado. La crisis socioeconómica de Europa oriental a principios de la década del 90, por ejemplo, dio lugar a las tasas más elevadas del mundo de un tipo de tuberculosis resistente a múltiples medicamentos, distinción dudosa que la región mantiene aún hoy en día.

El punto de partida de esta ruinosa cadena de acontecimientos es un fracaso en el diagnóstico: cuanto más tiempo pase sin diagnosticar una persona, y cuanto más tarde comience el tratamiento, más probable es que una enfermedad infecciosa se extienda, enferme y mate.

“Cuanto más se deje sin diagnosticar y sin tratar, más tendrá el próximo año y el siguiente”, dijo la Dra. Lucica Ditiu, que dirige la Asociación Stop TB, un consorcio internacional de 1700 grupos que luchan contra la enfermedad.

La infraestructura construida para diagnosticar el VIH y la tuberculosis ha sido una gran ayuda para muchos países que luchan contra el coronavirus. GeneXpert, la herramienta utilizada para detectar el material genético de la bacteria de la tuberculosis y del VIH, también puede amplificar el ARN del coronavirus para el diagnóstico.

Pero ahora la mayoría de las clínicas están usando las máquinas sólo para buscar el coronavirus. Priorizar el coronavirus sobre la TB es “muy estúpido desde la perspectiva de la salud pública”, dijo Ditiu. “En realidad deberías ser inteligente y hacer ambas cosas”.

Thomas Wuoto debió pedir medicación contra el VIH a terceros luego de quedarse sin provisión por la cuarentena (Khadija Farah/The New York Times).

Thomas Wuoto debió pedir medicación contra el VIH a terceros luego de quedarse sin provisión por la cuarentena (Khadija Farah/The New York Times).

En un país tras otro, la pandemia ha dado lugar a un fuerte descenso de los diagnósticos de tuberculosis: un 70% en Indonesia, un 50% en Mozambique y Sudáfrica, y un 20% en China, según la OMS.

A finales de mayo en México, mientras las infecciones de coronavirus aumentaban, los diagnósticos de tuberculosis registrados por el gobierno cayeron a 263 casos, desde los 1097 de la misma semana del año pasado.

La pandemia también está reduciendo el suministro de pruebas diagnósticas para estas enfermedades, ya que las empresas se dedican a producir los tests para el coronavirus, que son más caros de hacer. Cepheid, el fabricantes de pruebas de diagnóstico de tuberculosis basado en California, ahora hace tests de coronavirus.

Las empresas que hacen tests para la malaria están haciendo lo mismo, según afirma la doctora Catharina Boehme, ejecutiva en jefe de la Fundación para Nuevos Diagnóstico Innovadores.

Las pruebas del virus de la coronación son mucho más lucrativas, a unos 10 dólares, en comparación con los 18 centavos de una prueba rápida de malaria.

Estas empresas “tienen una tremenda demanda de COVID en este momento”, dijo el Dr. Madhukar Pai, el director del Centro Internacional McGill para la Tuberculosis en Montreal. “No puedo imaginar que las enfermedades de la pobreza reciban atención en este espacio”.

La pandemia ha obstaculizado la disponibilidad de medicamentos para el VIH, la tuberculosis y el paludismo en todo el mundo al interrumpir las cadenas de suministro, desviar la capacidad de fabricación e imponer barreras físicas a los pacientes que deben viajar a clínicas distantes para recoger los medicamentos.

Y esta escasez está obligando a algunos pacientes a racionar sus medicamentos, poniendo en peligro su salud. En Indonesia, la política oficial es proporcionar un mes de suministro de medicamentos a la vez a los pacientes con VIH, pero últimamente la terapia antirretroviral ha sido difícil de conseguir fuera de Yakarta.

Las personas con VIH y tuberculosis que se saltan la medicación tienen más probabilidades de enfermarse a corto plazo. A largo plazo, hay una consecuencia aún más preocupante: un aumento de las formas de resistencia a los medicamentos de estas enfermedades. La tuberculosis ya resistente a los medicamentos es una amenaza tal que los pacientes son vigilados de cerca durante el tratamiento, una práctica que en su mayoría ha sido suspendida durante la pandemia.

Según la OMS, al menos 121 países han notificado una disminución de las visitas de pacientes con tuberculosis a las clínicas desde que comenzó la pandemia, lo que pone en peligro los logros alcanzados con tanto esfuerzo.

“Esto es realmente difícil de digerir”, dijo Ditiu. “Tomó mucho trabajo llegar a donde estamos. No estábamos en la cima de la montaña, pero estábamos lejos de la base. Pero entonces vino una avalancha y nos empujó de nuevo al fondo.” Los cierres en muchos lugares se impusieron con tanta rapidez que las existencias de drogas se agotaron rápidamente.

Incluso si los gobiernos están dispuestos, con alguna ayuda de los grandes organismos de asistencia, a comprar drogas con meses de antelación, la oferta mundial puede agotarse pronto.

“La interrupción de las cadenas de suministro es algo que realmente me preocupa, para el VIH, para la tuberculosis, para la malaria”, dijo el Dr. Carlos del Río, presidente del consejo científico asesor del Plan de Emergencia del Presidente para el Alivio del SIDA.

La exageración sobre la cloroquina como tratamiento potencial para el coronavirus ha llevado al acaparamiento de la droga en algunos países como Myanmar, agotando sus reservas mundiales.

“Somos muy dependientes de unos pocos desarrolladores o fabricantes clave para todos los medicamentos en todo el mundo, y eso debe diversificarse”, dijo la Dra. Meg Doherty, que dirige los programas de VIH en la OMS. “Si tuvieras más depósitos o fabricantes de medicamentos desarrollados localmente, estaría más cerca del punto de necesidad”.

Las organizaciones de ayuda y los gobiernos están tratando de mitigar algunos de los daños mediante el estiramiento de los suministros y el almacenamiento de medicamentos. En junio, la OMS cambió su recomendación para el tratamiento de la tuberculosis resistente a los medicamentos. En lugar de 20 meses de inyecciones, los pacientes ahora pueden tomar pastillas durante nueve a 11 meses. El cambio significa que los pacientes no tienen que viajar a las clínicas, cada vez más cerradas por los cierres.

En algunos países, como Sudáfrica, la mayoría de los pacientes ya recogen los medicamentos en centros comunitarios en vez de en hospitales, dijo el Dr. Salim S. Abdool Karim, experto en salud mundial en Sudáfrica y presidente de un comité asesor del gobierno sobre COVID-19. “Eso ha sido una ventaja importante en cierto modo”.

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Coronavirus

Cuáles son los 6 tipos de coronavirus y qué síntomas provoca cada uno

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Científicos de la Universidad King’s College London revelaron que existen seis formas diferentes de COVID-19

El análisis de los datos de la aplicación COVID Symptom Study, dirigida por investigadores del King’s College London en conjunto con el hospital Guy’s and St Thomas, reveló que hay seis “tipos” distintos de COVID-19 que circulan hoy en día en el mundo, cada uno de los cuales se distingue por un grupo particular de síntomas.

Además, el equipo descubrió que estos tipos de enfermedades difieren en la gravedad y la necesidad de asistencia respiratoria durante la hospitalización de los afectados.

Los hallazgos tienen implicaciones importantes para el manejo clínico de COVID-19, y podrían ayudar a los médicos a predecir quién tiene mayor riesgo y sea probable que necesite atención hospitalaria en el caso de una segunda ola de casos por coronavirus. En la actualidad, y según datos de la Universidad Johns Hopkins, en el mundo hay más de 18.1 millones de infectados por el virus SARS-CoV-2, 690 mil muertos y 10.7 millones de recuperados.

Aunque la tos persistente, la fiebre y la pérdida del olfato y gusto -denominada anosmia y disgeusia respectivamente- generalmente se destacan como los tres síntomas clave de COVID-19, los datos recopilados de los más de 4 millones de usuarios de la aplicación mostraron que las personas pueden experimentar una amplia gama de síntomas diferentes, incluidos dolores de cabeza, dolores musculares, fatiga, diarrea , confusión, pérdida de apetito y falta de aliento, entre otros. La progresión y los resultados también varían significativamente entre las personas, desde síntomas leves parecidos a la gripe o una erupción cutánea simple hasta una enfermedad grave o mortal.

La tos persistente, la fiebre y la pérdida del olfato y gusto aparecen como los síntomas más presentados por los afectados por COVID-19 (Shutterstock.com)La tos persistente, la fiebre y la pérdida del olfato y gusto aparecen como los síntomas más presentados por los afectados por COVID-19 (Shutterstock.com)

Para averiguar si los síntomas particulares tienden a aparecer juntos y cómo esto se relaciona con la progresión de la enfermedad, el equipo de investigación utilizó un algoritmo de aprendizaje automático para analizar datos de un subconjunto de alrededor de 1.600 usuarios en el Reino Unido y los EE. UU. con COVID-19 confirmado y que habían registrado regularmente sus síntomas utilizando la aplicación COVID Symptom Study en marzo y abril.

El análisis reveló seis agrupaciones específicas de síntomas que emergen en puntos de tiempo característicos en la progresión de la enfermedad, que representan seis “tipos” distintos de COVID-19. Luego, el algoritmo se probó ejecutándolo en un segundo conjunto de datos independiente de mil usuarios en el Reino Unido, Estados Unidos y Suecia, que habían registrado sus síntomas durante mayo.

Todas las personas que informaron síntomas experimentaron dolor de cabeza y pérdida del olfato, con diversas combinaciones de síntomas adicionales en varios momentos. Algunos de estos, como la confusión, el dolor abdominal y la dificultad para respirar, no se conocen ampliamente como síntomas de COVID-19, pero son características de las formas más graves de la enfermedad.

Así ataca el coronavirus (Infografía: Marcelo Regalado)

Así ataca el coronavirus (Infografía: Marcelo Regalado)

Los seis grupos de COVID-19:

1- COVID “similar a la gripe” sin fiebre: dolor de cabeza, pérdida del olfato, dolores musculares, tos, dolor de garganta, dolor en el pecho, sin fiebre.

2- COVID “similar a la gripe” con fiebre: dolor de cabeza, pérdida de olfato, tos, dolor de garganta, ronquera, fiebre, pérdida de apetito.

3- COVID gastrointestinal: dolor de cabeza, pérdida de olfato, pérdida de apetito, diarrea, dolor de garganta, dolor en el pecho, no tos.

4- COVID nivel uno severo, con fatiga: dolor de cabeza, pérdida del olfato, tos, fiebre, ronquera, dolor en el pecho, fatiga.

5- COVID nivel severo dos, con confusión: dolor de cabeza, pérdida de olfato, pérdida de apetito, tos, fiebre, ronquera, dolor de garganta, dolor en el pecho, fatiga, confusión , dolor muscular.

6- COVID nivel tres grave, con dolor abdominal y respiratorio: dolor de cabeza, pérdida de olfato, pérdida de apetito, tos, fiebre, ronquera, dolor de garganta, dolor en el pecho, fatiga, confusión, dolor muscular, falta de aliento, diarrea, dolor abdominal.

Los científicos descubrieron un tipo de coronavirus gastrointestinal (Shutterstock)Los científicos descubrieron un tipo de coronavirus gastrointestinal (Shutterstock)

Luego, el equipo investigó si las personas que experimentaban grupos particulares de síntomas tenían más probabilidades de necesitar soporte respiratorio en forma de ventilación u oxígeno adicional.

Los investigadores, descubrieron que sólo el 1.5% de las personas se encontraban en el grupo 1el 4.4% de las personas presentaban síntomas compatibles con el grupo 2 y el 3.3% de las personas con el grupo 3 de COVID-19 necesitaban ayuda respiratoria. Estas cifras fueron 8,6%, 9,9% y 19,8% para los grupos 4,5 y 6 respectivamente. Además, casi la mitad de los pacientes en el grupo 6 terminaron en el hospital, en comparación con sólo el 16% de los del grupo 1.

En general, las personas con síntomas del grupo 4, 5 o 6 de COVID-19 tendían a ser mayores y más débiles, y tenían más probabilidades de tener sobrepeso y tener afecciones preexistentes, como diabetes o enfermedad pulmonar, que aquellas con tipo 1,2 o 3, describieron los científicos en el paper, explicado por el King’s College London.

Ilustración, creada en los CDC, del nuevo coronavirus 2019, Atlanta, EEUU (MAM/CDC/Entregada vía REUTERS)

Ilustración, creada en los CDC, del nuevo coronavirus 2019, Atlanta, EEUU (MAM/CDC/Entregada vía REUTERS)

Luego, los investigadores desarrollaron un modelo que combina información sobre la edad, el sexo, el IMC y las afecciones preexistentes junto con los síntomas recopilados en solo cinco días desde el inicio de la enfermedad.

Esto fue capaz de predecir en qué grupo cae un paciente y su riesgo de requerir hospitalización y soporte respiratorio con una mayor probabilidad de ser correcto que un modelo de riesgo existente basado únicamente en la edad, el sexo, el IMC y las condiciones preexistentes.

Dado que la mayoría de las personas que requieren asistencia respiratoria acuden al hospital alrededor de 13 días después de sus primeros síntomas, estos ocho días adicionales representan una ‘advertencia temprana’ significativa sobre quién es más probable que necesite cuidados más intensivos.

Estos hallazgos tienen implicaciones importantes para la atención y el monitoreo de las personas que son más vulnerables a COVID-19 grave”, afirmó la doctora Claire Steves del King’s College de Londres. “Si puede predecir quiénes son estas personas en el quinto día, tiene tiempo para brindarles apoyo e intervenciones tempranas, como monitorear los niveles de oxígeno y azúcar en la sangre, y asegurarse de que estén hidratados adecuadamente: atención simple que se podría brindar en el hogar, evitando hospitalizaciones y salvando vidas“, agregó.

Casi la mitad de los pacientes en el grupo 6, es decir pacientes graves, con dolor abdominal y respiratorio, terminaron en el hospital (REUTERS/Amanda Perobelli)

Casi la mitad de los pacientes en el grupo 6, es decir pacientes graves, con dolor abdominal y respiratorio, terminaron en el hospital (REUTERS/Amanda Perobelli)

La investigadora principal, la doctora Carole Sudre, del King’s College de Londres, precisó: “Nuestro estudio ilustra la importancia de controlar los síntomas a lo largo del tiempo para hacer que nuestras predicciones sobre el riesgo individual y los resultados sean más sofisticados y precisos”. Este enfoque nos está ayudando a comprender la historia que se desarrolla de esta enfermedad en cada paciente para que puedan obtener la mejor atención “.

Ser capaz de recopilar grandes conjuntos de datos a través de la aplicación y aplicarles el aprendizaje automático está teniendo un profundo impacto en nuestra comprensión del alcance y el impacto de COVID-19 y la salud humana en general”, analizó Sebastien Ourselin, profesor de ingeniería de atención médica en King’s College London y autor principal del estudio, cuya preimpresión fue publicada en medRxiv.

El profesor Tim Spector agregó: “Los datos son nuestra herramienta más poderosa en la lucha contra COVID-19. Instamos a todos a tener el hábito de usar la aplicación diariamente para registrar su salud en los próximos meses, ayudándonos a adelantarnos a cualquier punto de acceso local o una segunda ola de infecciones “.

Los científicos del King’s College London también identificaron a la erupción cutánea o enantema como un síntoma clave de COVID-19 en hasta uno de cada diez casos. Sin embargo, no se reconoció como un síntoma durante el tiempo en que se recopilaron los datos para este análisis, por lo que actualmente se desconoce cómo las erupciones cutáneas se asignan a estos seis grupos.

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