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La aparición de la vacuna no detendrá la evolución del virus

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El coronavirus no cambia de forma como el de la gripe, pero podría volverse resistente a la vacuna con el tiempo. Eso lleva a los investigadores a instar a la vigilancia

En un ensayo de 1988 sobre las pandemias, Joshua Lederberg, Premio Nobel de Medicina y presidente de la Universidad Rockefeller, le recordó a la comunidad médica que en lo relativo a enfermedades infecciosas, las leyes de Darwin son tan importantes como las vacunas de Pasteur.

Mientras la medicina lucha contra bacterias y virus, estos organismos continúan experimentando mutaciones y desarrollan nuevas características.

Ante esa situación, Lederberg recomendó la supervisión: “Nosotros, la especie humana, no tenemos garantía de que siempre saldremos ganadores en la competencia natural evolutiva con los virus”.

Con los recientes anuncios de lo que parecen ser propuestas seguras y efectivas de vacunas todo parece indicar que, en esta oportunidad, la humanidad podría volver a ser la ganadora, aunque con una terrible pérdida de vidas.

Pero las vacunas no le pondrán fin a la evolución de este coronavirus, tal como lo reportaron recientemente David A. Kennedy y Andrew F. Read, investigadores de la Universidad Estatal de Pensilvania que estudian la resistencia viral a las vacunas, en la revista académica PLoS Biology. En cambio, podrían impulsar un nuevo cambio evolutivo.

Según escriben ambos autores, siempre existe la oportunidad, aunque pequeña, de que el virus pueda desarrollar una resistencia a la vacuna, lo que los investigadores llaman “escape viral”. Los expertos insisten en que debe hacerse un monitoreo de los efectos de las vacunas y la respuesta de los virus.

“Nada de lo que estamos diciendo sugiere que frenemos el desarrollo de vacunas”, expresó Kennedy. Una vacuna efectiva es de gran importancia, explicó, “pero hay que asegurarse de que la vacuna permanezca efectiva”.

(Reuters)(Reuters)

Los fabricantes de vacunas pueden usar los resultados de los hisopados nasales tomados a voluntarios durante las pruebas y buscar entre ellos algún cambio de orden genético en el virus. Los resultados de las pruebas no deben detener o retrasar el lanzamiento de la vacuna, pero si los receptores de la vacuna muestran algún cambio en el virus que aquellos que recibieron un placebo no muestran, eso podría indicar que “el potencial para la resistencia podría desarrollarse”, algo que los investigadores deberían seguir vigilando.

Hay algunas razones para ser optimista ante la posibilidad de que el coronavirus no se vuelva resistente a las vacunas. Hace varios años, Kennedy y Read presentaron un análisis de la diferencia entre la resiliencia a drogas y vacunas. Ni las bacterias ni los virus desarrollaron resistencia a las vacunas tan fácilmente como lo hicieron frente a los fármacos, escribieron ambos. La vacuna de la viruela nunca perdió su efectividad ni tampoco lo hicieron las vacunas para el sarampión y la polio, a pesar de su uso constante a través de los años.

Los antibióticos, por otra parte, pueden volverse inservibles rápidamente ante la evolución de las defensas de organismos como virus y hongos. Y la resiliencia se genera ante otros fármacos también.

Las razones de esto están relacionadas con los principios básicos de evolución e inmunidad. Las dos diferencias claves son que las vacunas generalmente actúan antes que los fármacos y que la respuesta inmune natural que provocan es usualmente más variada, con más líneas de ataque. Un fármaco podría estar dirigido a un objetivo particular, a veces atacando una vía del metabolismo o un proceso bioquímico.

Con la mayoría de los fármacos, el virus o la bacteria se ha estado reproduciendo en el cuerpo del paciente y si una variante está mejor capacitada para sobrevivir el ataque de la droga, continuará creciendo y quizás será transmitida a otro paciente. Una combinación de fármacos, como en el tratamiento del VIH, puede ser más efectivo porque desencadena un ataque desde múltiples frentes.

Las vacunas, por otro lado, actúan de manera temprana, antes que el virus comience a proliferar y quizás cambiar dentro del cuerpo del paciente. Así que allí no hay nuevas variantes, como aquellas que se gestan durante el ataque de un fármaco que crecen y se propagan desde la persona infectada.

Las vacunas le ofrecen al sistema inmunitario del cuerpo un vistazo del virus y entonces, el sistema inmunitario construye un ataque de respuesta amplia. Por ejemplo, después de una inyección de tétanos, el sistema inmunitario de una persona puede producir hasta 100 anticuerpos diferentes.

Algunas vacunas, sin embargo, llevan a los virus a desarrollar resiliencia, según reportaron Kennedy y Read en su artículo del año 2015. Una vacuna detuvo a la enfermedad de Marek, una patología que afecta a las aves y es importante comercialmente. Pero el virus podría infectar aún a los pollos. Este se replicó y diseminó sin causar la enfermedad y rápidamente desarrolló resistencia.

En humanos, un tipo de bacteria que causa neumonía desarrolló resistencia a la vacuna cuando la bacteria se recombinó en el ambiente con cepas que eran naturalmente resistentes. Una vacuna para la hepatitis B creó anticuerpos que únicamente atacan una pequeña parte de la proteína, un bucle creado por nueve aminoácidos, que es diminuto en términos de proteína. No creó un ataque mayor. Una vacuna contra la tos ferina también parece haber creado resistencia. Sirvió para repeler la enfermedad, pero estaba dirigida solo a algunas proteínas y no fue efectiva al detener la infección y transmisión del virus.

Las vacunas del coronavirus que están en desarrollo ahora usan diferentes maneras para generar una respuesta en el sistema inmunitario. Algunas vacunas del coronavirus que se desarrollan o usan en Rusia y China usan partículas completas del virus, desactivadas o atenuadas, para despertar una respuesta del sistema inmunitario.

Muchos otros proyectos de vacunas, como las de Pfizer y Moderna que están siendo evaluadas por la Administración de Medicamentos y Alimentos de Estados Unidos para que se permita su uso por primera vez, tan pronto como en diciembre, deben generar una reacción en el sistema inmunitario usando solo una porción del coronavirus, la llamada proteína de espiga, que ofrecería pocos objetivos que atacar.

Pero Kennedy dijo que eso no es necesariamente un problema.

Una vacuna basada solo en esa proteína tiene el potencial para generar una respuesta inmunitaria amplia”, explicó, “porque hay múltiples lugares en esa proteína de espiga donde potentes anticuerpos neutralizantes puedan enlazarse”.

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El principio activo para fabricar la vacuna de Oxford-AstraZeneca partió desde la Argentina hacia México

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Con un importante operativo policial, el primer embarque para desarrollar 6 millones de dosis despegó esta noche desde Ezeiza. La producción estará a cargo del laboratorio del empresario y médico argentino Hugo Sigman

El primer embarque del principio activo para fabricar 6 millones de vacunas de Oxford-AstraZeneca partió esta noche desde Ezeiza con destino a México. El avión de Aeroméxico –preparado para trasladar hasta 25 toneladas– despegó a las 22.15. Esto ocurrió tras la aprobación de los reguladores del Reino Unido –tal como había adelantado Infobae y la aprobación de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) bajo el uso de emergencia de esta fórmula para su aplicación en la Argentina.

El principio activo ya fue empaquetado para volar a MéxicoEl principio activo ya fue empaquetado para volar a México

El proceso de producción de la vacuna de Oxford-AztraZeneca comienza en la Argentina a través del hub biotecnológico mAbxience (Grupo Insud), mientras que en México, el laboratorio Liomont se encargará de completar el proceso de estabilización, fabricación y envasado del medicamento.

En este sentido, se podría decir que de a poco se avanza hacia la etapa final del suministro de 22,4 millones de dosis de vacunas para Argentina y de 150 millones de dosis para la región.

Hoy estamos avanzando hacia los pasos finales del proceso de fabricación y suministro, y permitiendo que nuestro país y América Latina tengan una vacuna efectiva, segura, fácil de almacenar (2-8 grados) y tremendamente accesible sin fines de lucro mientras dure la pandemia. El plan de producción está en curso y la vacuna estará disponible durante el primer semestre del año”, aseguró en exclusiva a Infobae Agustín Lamas, presidente de AstraZeneca para el Cono Sur.

El operativo para llevar el principio activo de la vacuna a EzeizaEl operativo para llevar el principio activo de la vacuna a Ezeiza

“Para nosotros es un privilegio producir esta vacuna. Porque la vacuna de AstraZeneca va a ser un hito en la historia de la medicina mundial”, dijo el médico y empresario Hugo Sigman, cofundador junto a su esposa Silvia Gold y CEO del Grupo Insud, durante un encuentro realizado por la Fundación de Estudios para la Salud y Seguridad Social (FESS) en su 9º Jornada anual sobre Responsabilidad Social en Salud y Medio Ambiente.

La vacuna de AstraZeneca por una decisión conjunta con la Universidad de Oxford se va a vender no profit, es decir, sin ganancia alguna. Va a valer entre 3 y 4 dólares, depende del país y los costos internos. Yo tuve la oportunidad de escuchar a la doctora Sarah Gilbert, que lleva adelante el proyecto y posible candidata al premio Nobel, que dijo que el objetivo era hacer un acuerdo con una compañía privada para que la vacuna pudiera producirse masivamente en todo el mundo, pero que tuviera 3 condiciones: que durante la pandemia se vendiera no profit para que sea accesible, que se produzca a riesgo antes de ser aprobada, y que sea distribuida en todo el mundo”, explicó Sigman.

Fundada en 2009, mAbxience, el laboratorio argentino elegido por su par británico para la elaboración del principio activo de su vacuna, es la compañía del Grupo Insud dedicada a la biotecnología, con foco en la investigación, desarrollo y fabricación de medicamentos para enfermedades oncológicas y autoinmunes. Posee tres plantas de producción: una en España y otras dos en la Argentina, ubicadas en las localidades de Munro y Garín. Esta última fue inaugurada en febrero pasado.

AZD1222 surgió de décadas de investigación sobre vacunas basadas en adenovirusAZD1222 surgió de décadas de investigación sobre vacunas basadas en adenovirus

¿Cómo funciona la vacuna? El virus SARS-CoV-2 está repleto de proteínas que utiliza para ingresar a las células humanas. Estas proteínas, denominadas proteínas de pico, son un objetivo tentador para posibles vacunas y tratamientos. La vacuna Oxford-AstraZeneca se basa en las instrucciones genéticas del virus para construir la proteína de pico. Pero a diferencia de las vacunas Pfizer-BioNTech y Moderna, que almacenan las instrucciones en ARN monocatenario, la vacuna Oxford utiliza ADN bicatenario.

Los investigadores agregaron el gen de la proteína de pico de coronavirus a otro virus llamado adenovirus. Los adenovirus son virus comunes que generalmente causan resfriados o síntomas similares a los de la gripe. El equipo de Oxford-AstraZeneca utilizó una versión modificada de un adenovirus de chimpancé, conocido como ChAdOx1, que puede ingresar a las células, pero no puede replicarse dentro de ellas.

AZD1222 surgió de décadas de investigación sobre vacunas basadas en adenovirus. En julio, se aprobó la primera para uso general: una vacuna contra el ébola, fabricada por Johnson & Johnson. Y se continúa –en los huecos que deja la jerarquía que ocupó la investigación sobre el COVID-19– con la realización de los ensayos clínicos avanzados para otras enfermedades, como el VIH y el Zika.

El empresario Hugo SigmanEl empresario Hugo Sigman

Los datos publicados a principios de diciembre en la revista médica The Lancet indicaron que la vacuna es efectiva en un 62% cuando se suministran dos dosis completas de la vacuna, pero que la efectividad asciende al 90% cuando se suministra la mitad de la primera dosis seguida de una completa en la segunda.

Hace unos días, fue el director ejecutivo de la farmacéutica AstraZeneca, Pascal Soriot, quien aseguró que el laboratorio había encontrado la “fórmula ganadora” para hacer que su vacuna contra el COVID-19 tenga una efectividad a la altura de las de Pfizer/BioNTech, del 95%, y Moderna, del 94%. “Creemos que hemos hallado la fórmula ganadora para alcanzar una efectividad que, tras dos dosis, sea tan alta como todas las demás”, explicó Soriot al dominical Sunday Times sobre el preparado que su compañía desarrolla junto a la universidad de Oxford.

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El primer paso hacia una vacuna argentina

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Es uno de los 85 prototipos mundiales que están en fase preclínica, de ensayos en animales. Es una investigación de trece científicos de la Universidad de San Martín y el Conicet.

Es la mañana de un día agobiante. Por el calor y por la pandemia. No se ven los ladrillos colorados, típicos de Norwood, en los Estados Unidos, donde está la sede de Moderna, ni las señoriales callecitas que rodean al Imperial College, en Inglaterra.

Pero aquí, cerca de las avenidas General Paz y Constituyentes, a minutos del tanque de gas gigante que quedó como símbolo de otra época, también se piensa en una vacuna para frenar al Covid-19. De las 169 que aún siguen en carrera, 85 están en la fase preclínica (de ensayos en animales) y una de ellas es un prototipo argentino. Viva va a su encuentro.

El auto dobla hacia una entrada del campus de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y aparecen distintos bloques de edificios. El más grande, color cemento, de unos 4 mil metros cuadrados y tres pisos, es la sede del Instituto de Investigaciones Biotecnológicas (IIB). En uno de sus laboratorios trabajan 12 científicos liderados por la investigadora principal del Conicet Juliana Cassataro, experta en inmunología y enfermedades infecciosas. Juntos están atravesando el minuto cero de una vacuna argentina contra el coronavirus.

Juliana Cassataro, líder del grupo de investigación, en su escritorio, con los retratos de sus hijas Juana y Greta. Foto: Andrés D'Elía.

Juliana Cassataro, líder del grupo de investigación, en su escritorio, con los retratos de sus hijas Juana y Greta. Foto: Andrés D’Elía.

El blíndex de entrada tiene un teclado con código de seguridad. Cassataro, distinguida con los premios Houssay (2017) y Fundación Bunge y Born (2014), y financiada tres veces por la Fundación Bill & Melinda Gates, baja para habilitar el ingreso. Al llegar, saluda con un ademán de choque de codos, sin hacer contacto. Prolija, con barbijo quirúrgico y un guardapolvo blanco sobre un vestido floreado.

Demostramos en el laboratorio que la fórmula que estamos investigando induce anticuerpos que neutralizan al virus.

Juliana Cassataro, inmunóloga.

“Nuestro proyecto está en etapa preclínica, de ensayo en animales, casi a punto de terminar esta fase. Es decir, en estos seis meses demostramos, en el laboratorio, que la fórmula que elegimos, basada en proteínas recombinantes –una tecnología muy segura en la que se sustenta por ejemplo la vacuna contra la hepatitis B y en la que tenemos más experiencia–, induce anticuerpos que neutralizan al virus. Ahora estamos hablando con empresas locales que tengan la capacidad de producir este prototipo en condiciones GMP (N. de la R.: Según normas y directrices que garanticen su apropiada fabricación) para poder empezar una fase de prueba en humanos”, dice a metro y medio de distancia.

El escenario

Al atravesar el blíndex se accede a espacios luminosos de escaleras, galerías, escritorios y laboratorios. Las mesadas de trabajo son amplias y en las primeras cuatro se distribuye el equipo de Cassataro. En todas hay pequeños contenedores de cristal (placas de petri, erlenmeyers, balones, beakers), pipetas para dosificar volúmenes, geles de acrilamida para separar proteínas, cajas, computadoras, ficheros y calendarios.

Del otro lado de un largo pasillo están el bioterio, donde se ensaya con animales (ratones), las zonas de máxima bioseguridad y, en las cercanías, las máquinas para hacer observaciones. Por ejemplo, ver si alguna de las versiones de la fórmula está “neutralizando al virus”, es decir, si está dando resultado: si eso ocurre, aparecen imágenes fluorescentes.

Los jefes de cada sector tienen, además, otra área delimitada con escritorios y computadoras, donde van programando las rutinas de cada día y leen papers e información de revistas especializadas en ciencia.

Eliana Castro y Lorena Coria, especializadas en diseño de vacunas, observan un recuento de células infectadas. Foto: Andrés D'Elía.

Eliana Castro y Lorena Coria, especializadas en diseño de vacunas, observan un recuento de células infectadas. Foto: Andrés D’Elía.

Como en muchos laboratorios, hay una escenografía de desorden ordenado. Una señal de que están a toda máquina. “Desde abril estamos trabajando, casi todos, en forma presencial durante doce horas por día. Muy comprometidos”, confirma Cassataro.

La fórmula justa

Aquí, en medio de estos “Juegos de Química” pero de verdad, se está gestando una vacuna que, para empezar a diferenciarla, no se basa en ninguna de las plataformas que utilizan las que ya fueron aprobadas, como la de Moderna y Pfizer (con sus tecnologías ARN), o como la rusa que se aplica en el país con una “aprobación de emergencia” y que consiste en dos dosis, cada una con un vector de adenovirus diferente.

Las fórmulas que ensayó el equipo argentino, y que dieron como resultado, hasta ahora, un prototipo viable, listo para transferir a otra etapa, utilizan proteínas recombinantes.

Cuando se nos brinda apoyo, los científicos argentinos tenemos la capacidad de desarrollar lo que sea que se necesite.

Eliana Castro, bioquímica.

Una técnica que Cassataro explica así: “Nosotros tomamos diferentes partes del virus, como por ejemplo su proteína Spike, para producirlas en laboratorio. Esas proteínas, que son proteínas recombinantes, que nosotros producimos con células en el laboratorio, las purificamos. Logramos que queden recontra puras, de modo que al ingresar al organismo no infecten las células pero sean reconocidas por el sistema inmunológico para generar los anticuerpos necesarios y defenderse del virus real”.

La científica María Laura Darriba dosificando componentes en el laboratorio de la UNSAM. Foto: Andrés D'Elía.

La científica María Laura Darriba dosificando componentes en el laboratorio de la UNSAM. Foto: Andrés D’Elía.

El trabajo del equipo argentino no termina allí. “A la fórmula se le agrega algo más para tener una respuesta inmune deseada. Por eso estudiamos diferentes compuestos. Es decir, utilizamos prototipos con distintas formulaciones y mezclas. Hay que probar la dosis del antígeno, la cantidad, la dosis del otro compuesto. Una gran cantidad de combinaciones. Todo eso lo probamos en animales, estudiamos la respuesta inmune y seleccionamos las mejores fórmulas que induzcan los mejores anticuerpos neutralizantes del virus. A eso nos dedicamos en estos seis meses. Producimos, inmunizamos e hicimos un screeningseleccionamos entre muchas posibilidades. Y logramos un muy buen prototipo y otros dos que son más o menos”, detalla Cassataro.

Cómo sigue

Estos resultados se lograron gracias a un equipo interdisciplinario. “Somos varios inmunólogos que ya veníamos trabajando juntos. Para el proyecto nos unimos, además, al grupo de virólogos de Diego Alvarez, quien se encarga del diseño de las formulaciones candidatas incorporando las mutaciones del virus que circula en la Argentina”, comenta Cassataro.

Y agrega cómo fue el primer momento de este proyecto: “Decidimos presentarnos para recibir un subsidio de investigación del Ministerio de Ciencia y Tecnología bajo el título: Desarrollo de estrategias que ayuden a la prevención del coronavirus. Y es lo que estamos haciendo. Hacer una vacuna es una frase que suena muy linda, pero no se puede lograr solamente en mi laboratorio. Nosotros solos no vamos a poder concretarla. Lo que sí pudimos, en esta primera etapa, fue poner a punto las técnicas para estudiar su respuesta inmune. Para avanzar hay que transferir el prototipo a una empresa que pueda producirla con una manufactura regulada por ANMAT, lograr que se apruebe y pasar a una fase 1. Ahí seríamos parte de una cadena que lamentablemente, en la Argentina, no está conectada”, explica Cassataro.

Se refiere a que, por separado, están los eslabones, pero eso no es suficiente. “En el país tenemos buenos científicos que pueden trabajar bien en un laboratorio. Tenemos también la posibilidad de ensayos clínicos (en humanos) buenísimos. Aquí se hicieron los de Pfizer y están en marcha los de una vacuna china. Además, existen empresas con capacidad de producir, por ejemplo, un principio activo de la vacuna de Oxford. Los eslabones están, pero falta el envión para empezar. Y, por supuesto, como se trata de un proceso largo y muy costoso, se necesita un amplio financiamiento y una decisión política a largo plazo”, revela la científica.

Cuestión de tiempo

El largo plazo que menciona Cassataro es vital en el trabajo científico. Varias de las vacunas contra el Covid-19 que avanzaron rápido, lo hicieron porque quienes las investigaban se basaron en estudios previos.

“Si vemos las vacunas que llegaron muy rápido, detrás de ellas hay científicos que venían trabajando en ellas desde hace 15 o 20 años. No existe algo que sea tan rápido sin una investigación muy profunda”, confirma la experta.

El tiempo también fue clave en la historia de este prototipo argentino. Primero, porque cuando se tomó la decisión de trabajar de manera presencial en el laboratorio hubo que organizar rápidamente las rutinas en casa y apretar en agendas el tiempo para las clases de los chicos (varios científicos de este equipo tienen hijos en edad escolar), para las tareas de la casa y para el trabajo de laboratorio, que en esta etapa es totalmente empírico.

La bioquímica Karina Pasquevich sostiene un gel de acrilamida que se usa para identificar  las proteínas del coronavirus. Foto: Andrés D'Elía.

La bioquímica Karina Pasquevich sostiene un gel de acrilamida que se usa para identificar las proteínas del coronavirus. Foto: Andrés D’Elía.

De los 13 integrantes del grupo, 10 son mujeres, varias con hijos en edad escolar y una de ellas, la bioquímica y viróloga Eliana Castro, está embarazada. No fue fácil arrancar, pero apareció allí lo que más brilló en pandemia: la idea de que todo es posible aún en las peores condiciones.

Eugenia Bardossy tiene 35 años, es bioquímica y dice que “su participación es mínima comparada con lo que realizan otros colegas del equipo”. Lo que fue máximo en su vida fue organizarse para seguir trabajando y no desatender a sus dos hijos: uno de 3 años y otro de 10 meses.

Lorena Coria es una experta en inmunología y tiene un nene de dos años que, cuando ella está en el laboratorio, queda al cuidado de su pareja. La salud humana le interesó desde que estaba en el secundario. Por eso se siente muy plena en este momento: “Cuando empezó la pandemia y se presentó la oportunidad de colaborar aportando nuestro conocimiento y experiencia en el desarrollo de vacunas para ayudar a combatir este problema, no lo dudamos. Estamos aprendiendo mucho y además somos conscientes de que estamos desarrollando algo que nos daría independencia en el suministro de vacunas”.

Cuando era chica, a Eliana Castro le interesaba “lo microscópico y lo astronómico”, pero en la adolescencia se orientó hacia la salud. Se anotó como voluntaria en el Hospital Evita, de Lanús, para saber si su vocación era más asistencial o de investigación. Decidió estudiar bioquímica en la UBA. Hoy es una experta en diseño de vacunas.

“Ser parte de este proyecto implica cumplir, realmente, con el objetivo de aportar a la prevención de una enfermedad, en este caso causada por un virus nuevo que está dañando a la sociedad y que me ha golpeado personalmente. También hizo tangible la capacidad que tenemos en nuestro país de desarrollar lo que sea que se necesite cuando se nos brinda apoyo”, comenta sobre su rol de científica.

Estamos trabajando en algo que nos daría independencia en el suministro de vacunas.

Lorena Coria, inmunóloga.

Sobre su rol de mamá, cuenta: “Con mi marido, tuvimos que incluir en nuestras rutinas las actividades y cuidados de nuestra hija de 5 años a tiempo completo (zooms, tareas, juegos). También organizarnos con las tareas de la casa. Así que trabajo en el laboratorio a la mañana, y las lecturas, reuniones y docencia los hago desde casa. Ahora , además, estoy embarazada de 4 meses, así que estamos muy contentos.”

Leandro Battini tiene 29 años y es uno de los más jóvenes del grupo. Es biólogo, está cursando su doctorado y se interesa por el desarrollo de antivirales. Pertenece al grupo de Diego Alvarez, fusionado con el de Cassataro. Para él, la vocación estuvo clara desde siempre. Sus padres y su hermano son biólogos y su pareja, también. “En 2020, por la pandemia, muchos científicos se orientaron al Covid-19. En ese contexto llegué a este grupo”, explica.

Claudia Filomatori es bioquímica y doctora en Ciencias Biológicas. Tiene una función vital: analiza la variabilidad del material genético del virus que circula en la Argentina. Pero lo realmente difícil es “compatibilizar la ecuación Pandemia/Familia/Trabajo. Tengo tres hijos en edad escolar y por momentos se me hizo complicado ser mamá, ama de casa, maestra y científica”.

La bioquímica Karina Pasquevich participa activamente en el estudio de las respuestas inmunes de las fórmulas probadas. Desde pequeña, su padre, físico, le transmitió la pasión por hacerse preguntas y tratar de responderlas. Sobre su vida en pandemia dice: “Tuve la escuela de mis dos hijas en casa, fue un desafío a nivel familiar. Afortunadamente, tuve el apoyo de mi marido y los abuelos para venir al laboratorio”.

El equipo de la “vacuna argentina” se completa con los científicos Diego AlvarezMaría Laura DarribaLucas SaposnikCeleste Pueblas Castro (de 26 años, quien justo una semana antes de la cuarentena se mudó para vivir sola), Laura Bruno y Lucía Chemes.

Ciencias de la vida

La directora del proyecto, Juliana Cassataro, también tuvo que adaptar a su familia para el trabajo en pandemia. Con su marido, Roberto, organizaron los tiempos de atención para Juana, de 17, y Greta, de 13.

De ellas habla sin pausa, pero cuando se le pregunta sobre sus propios orígenes, duda en responder. “No porque quiera ocultarlos, sino porque no quiero que mi historia desvíe el foco de atención de nuestro trabajo científico”, dice.

Se refiere a que es hija de padres desaparecidos. Cassataro, de 46 años, tenía 3 años y medio cuando se llevaron a sus padres. No recuerda nada. A ella y a su hermana menor las dejaron en la Casa Cuna de La Plata, donde fueron encontradas por un tío abuelo.

“Me educó mi abuela Juana, de Mar del Plata, con mucho amor y exigencia para el estudio. A veces pienso que el darme cuenta, tan temprano, de que no todo es perfecto y de que las cosas pueden fallar, me hizo siempre tener un plan B, C, D y E para que todo funcione. También pienso si el volcarme hacia las ciencias de la vida tiene que ver con que son lo opuesto a lo que viví cuando era chica”, comenta.

¿Por qué tu equipo quiere seguir con el proyecto de una vacuna si ya hay otras que se están aplicando?

Nosotros vamos a tardar seguramente mucho más tiempo del que la sociedad demanda en este momento, pero si estas vacunas que ahora se compraron y se están aplicando en nuestro país requieren refuerzos anuales, en un futuro estaría buenísimo poder hacerlas acá y que estas capacidades existan en la Argentina. Así no hay que estar esperando si nos las envían, o si las compran. Si un día no se puede… tenemos que tener la capacidad de hacerlas.

Y en una mañana de agobio, por el calor y la pandemia, llega aire fresco. Cassataro dice al despedirse que, si tuviera todos los recursos necesarios disponibles, a mediados de 2022 podría estar terminándose esta vacuna que ahora da sus primeros pasos. ¿Un sueño?

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Por qué la Tierra gira cada vez más rápido

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En 2020, el planeta giró más rápido de lo habitual y se espera que este año rompa ese récord. Por qué ocurre este fenómeno

Sin lugar a duda, el año 2020 fue muy particular e inolvidable para el planeta Tierra. Porque, literalmente se vio todo afectado, inclusive el tiempo, aunque esto no fue producto de la pandemia, como sí en el resto de las cosas.

La Tierra en 2020 giró más rápido de lo habitual, como si ella misma deseara terminar más rápido aquel año pandémico. Matemáticamente hablando, nuestro planeta rompió el récord anterior de día astronómico más corto, establecido en 2005. El día más corto de ese año, el 5 de julio, vio a la Tierra completar una rotación de 1.0516 milisegundos más rápido que 86.400 segundos, que es el tiempo que tarda en girar con respecto al Sol, lo que equivale a 24 horas o un día solar medio. En cambio, el día más corto de 2020 fue el 19 de julio, cuando el planeta completó un giro 1.4602 milisegundos más rápido que 86.400 segundos. Además, el 2020 incluyó los 28 días más cortos desde 1960, y se prevé que el año 2021 será el más corto en décadas.

Cuando se desarrollaron relojes atómicos de alta precisión en la década de 1960, mostraron que la duración de un día solar medio puede variar en milisegundos (1 milisegundo equivale a 0,001 segundos). Estas diferencias se obtienen midiendo la rotación de la Tierra con respecto a objetos astronómicos distantes y utilizando una fórmula matemática para calcular el día solar medio. Antes de que comenzara 2020, el día más corto desde 1973 fue el 5 de julio de 2005, cuando la rotación de la Tierra tomó 1.0516 milisegundos menos de 86.400 segundos.

Un día promedio en 2021 será 0,05 milisegundos menos que 86.400 segundosUn día promedio en 2021 será 0,05 milisegundos menos que 86.400 segundos

Según precisan los científicos del Servicio Internacional de Sistemas de Referencia y Rotación de la Tierra (IERS) en París, Francia, la velocidad de rotación de la Tierra varía constantemente debido al complejo movimiento de su núcleo fundido, océanos y atmósfera, además de otros efectos. Ellos monitorean la velocidad de rotación de la Tierra y esperan que la tendencia de tener días más cortos también nos siga en 2021.

Según sus cálculos, un día promedio en 2021 será 0,05 milisegundos menos que 86.400 segundos. A lo largo de todo el año, los relojes atómicos habrán acumulado un desfase de unos 19 milisegundos. A modo de comparación: en los últimos años, fueron unos cientos de milisegundos más rápidos por año. La última vez que un día promedio fue de menos de 86.400 segundos en un año completo fue en 1937. Si la rotación de la Tierra se desincroniza demasiado con el ritmo súper constante de los relojes atómicos, se puede usar un segundo intercalar positivo o negativo para volver a alinearlos.

Desde que se introdujo el sistema de segundos intercalables en 1972, la rotación de la Tierra en general ha sido un poco lenta. Hasta ahora, ha habido 27 segundos intercalables y todos han sido positivos. En otras palabras, todos han agregado un segundo extra a nuestros relojes, permitiendo que la Tierra se ponga al día.

La Tierra se ha vuelto más rápida y no se ha requerido ningún segundo intercalar desde 2016 (Shutterstock)La Tierra se ha vuelto más rápida y no se ha requerido ningún segundo intercalar desde 2016 (Shutterstock)

“Es muy posible que se necesite un segundo intercalar negativo si la tasa de rotación de la Tierra aumenta aún más, pero es demasiado pronto para decir si es probable que esto suceda”, dijo el físico Peter Whibberley del Laboratorio Nacional de Física en el Reino Unido. “También se están llevando a cabo discusiones internacionales sobre el futuro de los segundos intercalares, y también es posible que la necesidad de un segundo intercalar negativo pueda impulsar la decisión de terminar definitivamente con los segundos intercalares”, agregó.

Recientemente, sin embargo, la Tierra se ha vuelto más rápida y no se ha requerido ningún segundo intercalar desde 2016. Si la rotación de la Tierra continúa acelerándose, en algún momento podríamos requerir un segundo intercalar negativo. Si esto sucede, nuestros relojes se saltarían un segundo para poder seguir el ritmo de la Tierra.

Para medir la duración real de un día, los científicos de IERS determinan la velocidad exacta de la rotación de la Tierra midiendo los momentos precisos en que una estrella fija pasa por una determinada ubicación en el cielo cada día. Esta medida se expresa como Tiempo Universal (UT1), un tipo de tiempo solar.

Luego, UT1 se compara con el Tiempo Atómico Internacional (TAI), una escala de tiempo de alta precisión que combina la salida de unos 200 relojes atómicos mantenidos en laboratorios de todo el mundo. La duración real de un día se expresa mediante la desviación de UT1 del TAI durante 24 horas. Actualmente, el IERS no muestra nuevos segundos intercalares programados para agregarse.

Según el Centro de Orientación de la Tierra del servicio los segundos intercalares tienen sus pros y sus contras. Son útiles para asegurarse de que las observaciones astronómicas estén sincronizadas con la hora del reloj, pero pueden ser una molestia para algunas aplicaciones de registro de datos e infraestructura de telecomunicaciones. Algunos científicos de la Unión Internacional de Telecomunicaciones han sugerido dejar que la brecha entre el tiempo astronómico y atómico se amplíe hasta que se necesite una “hora bisiesta”, lo que minimizaría la interrupción de las telecomunicaciones. (Los astrónomos tendrían que hacer sus propios ajustes mientras tanto).

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