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Medio Ambiente

Cuánto falta hacer para frenar la crisis climática

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Todavía estamos en camino de un calentamiento peligroso a menos que esos esfuerzos se aceleren drásticamente.

Según datos recientes, a lo largo de la última década, los países del mundo han comenzado a tener un progreso significativo en el combate en contra del cambio climático, gracias a una rápida expansión de la energía limpia.

No obstante, el planeta sigue manteniendo el rumbo hacia niveles peligrosos de calentamiento en los años por venir a menos que esos esfuerzos se aceleren con rapidez.

La próxima semana, cuando los líderes de todo el mundo se reúnan en Glasgow, Escocia, para una cumbre climática crucial de Naciones Unidas, la atención se centrará en cuánto más se calentará la Tierra y cómo mantener esa cifra lo más pequeña posible.

Aerogeneradores en un dique cerca de Urk, Países Bajos. Foto AP Photo/Peter Dejong.

Aerogeneradores en un dique cerca de Urk, Países Bajos. Foto AP Photo/Peter Dejong.

Los humanos han calentado el planeta 1,1 grados Celsius desde la Revolución Industrial, en su mayor parte quemando carbón, petróleo y gas natural para obtener energía y talando bosques, los cuales sirven para absorber las emisiones que calientan el planeta y que se crearon debido al uso de combustibles fósiles.

La humanidad ya está pagando un precio alto:

tan solo este año, hubo olas de calor abrasador que cobraron la vida de cientos de personas en el noroeste del Pacífico, inundaciones que devastaron Alemania y China e incendios forestales que se propagaron fuera de control en Siberia, Turquía y California.

Esta semana, la Organización Meteorológica Mundial advirtió que, durante el año pasado, la cantidad de gases de efecto invernadero que atrapan el calor en la atmósfera alcanzó una cifra récord y que la misma aumentó de nuevo este año.

Según los científicos, cada fracción adicional de un grado de calentamiento exacerbará el clima extremo y otros riesgos en todo el mundo.

Entonces, ¿qué tan caliente se pueden poner las cosas?

Para saberlo, los científicos de Climate Action Tracker, un grupo de investigación, analizan con frecuencia todas las políticas sobre el clima y la energía que han promulgado los países de todo el mundo.

Luego, calculan el efecto de esas políticas en las emisiones futuras de gases de efecto invernadero y cuánto aumento de temperatura puede esperar el mundo.

Es una simple medida del progreso que se ha logrado hasta la fecha en el combate en contra del cambio climático.

Y los datos ofrecen razones para sentir tanto esperanza como alarma.

Cómo mejoraron las cosas

En 2014, Climate Action Tracker estimó que el mundo iba en camino a alcanzar casi 4 grados Celsius de calentamiento para 2100, en comparación con los niveles previos a la Revolución Industrial.

Desde hace tiempo, el calentamiento de 4 grados se ha considerado como el peor escenario posible.

Una evaluación del Banco Mundial exploró los riesgos, como el de una pérdida de cosechas en cascada a nivel mundial, y concluyó sin rodeos que llegar a 4 grados “no se debe permitir que ocurra sin más”.

Sin embargo, este año, Climate Action Tracker retrató un panorama más optimista porque los países han comenzado a hacer más cosas para frenar sus emisiones.

Con las políticas actuales, el mundo llegaría más o menos a los 2,9 grados Celsius de calentamiento para 2100 (ese es el mejor estimado; el rango potencial está entre 2,1 y 3,9 grados Celsius).

El martes, Naciones Unidas divulgó su propio análisis sobre los esfuerzos para enfrentar el cambio climático y llegó a conclusiones similares en términos generales.

“Ha habido un cambio genuino durante la última década”, comentó Niklas Höhne, climatólogo alemán y socio fundador de NewClimate Institute, una entidad creada por Climate Action Tracker.

“Se puede decir que el progreso ha sido demasiado lento, que sigue sin ser suficiente y coincido con todo eso. Pero sí se ve un movimiento real”.

Hay varias razones para explicar el pronóstico mejorado.

En 2015, 195 naciones firmaron el Acuerdo de París, el cual por primera vez les exigió a todos los países que presentaran un plan para detener las emisiones.

Aunque los planes fueron voluntarios, sirvieron para incentivar nuevas medidas:

la Unión Europea intensificó los límites de las emisiones industriales.

China e India aumentaron sus iniciativas de energías renovables.

Egipto redujo los subsidios para los combustibles fósiles.

Indonesia comenzó a implementar medidas enérgicas en contra de la deforestación ilegal.

Igual de importante es que la energía limpia haya avanzado con mucha más rapidez de la que se había predicho.

Hace una década, los paneles solares, las turbinas de viento y los vehículos eléctricos a menudo eran consideradas tecnologías exclusivas, demasiadas caras para el uso generalizado.

Sin embargo, los costos se han desplomado.

En la actualidad, la energía solar y eólica son las nuevas fuentes de electricidad más baratas en la mayoría de los mercados.

Las ventas de los vehículos eléctricos están estableciendo récords. Las automotrices como Ford y General Motors se están preparando para reducir poco a poco las ventas de autos impulsados por nafta en los años por venir.

Al mismo tiempo, la energía del carbón, una de las principales fuentes de emisiones, ha comenzado a menguar.

Hace una década, China e India estaban construyendo nuevas centrales eléctricas impulsadas por la quema del carbón casi cada semana.

Sin embargo, ahora que las alternativas de energías más limpias han madurado y los activistas ambientalistas han incrementado la presión sobre los bancos y los gobiernos para detener el financiamiento a la explotación del carbón, ese avance se ha ralentizado; después del Acuerdo de París, un estudio reciente encontró que se ha cancelado el 76 por ciento de las propuestas para las nuevas plantas impulsadas por carbón.

Todo esto ha hecho una diferencia.

Entre 2000 y 2010, las emisiones a nivel mundial aumentaron, en promedio, el tres por ciento al año.

Sin embargo, entre 2011 y 2019, las emisiones crecieron con más lentitud, a casi el uno por ciento por año.

Ahora, la Agencia Internacional de la Energía proyecta que las emisiones mundiales de dióxido de carbono podrían alcanzar un máximo a mediados de la década de 2020, para luego comenzar a bajar poco a poco.

Esto colocaría al mundo en el rumbo que le permita calentarse poco menos de 3 grados para 2100, aunque se sigue sin saber bien si las políticas actuales funcionarán como están planeadas y cuán susceptible es en realidad el clima de la Tierra a nuestras emisiones de gases de efecto invernadero.

Sin embargo, los científicos advierten que ese número no es motivo de celebración.

En efecto, 3 grados es mucho menos catastrófico que 4 grados.

Pero es peligroso a gran escala.

Pensemos en las inmensas capas de hielo sobre Groenlandia y el oeste de la Antártida, las cuales en conjunto pueden contener suficiente agua como para aumentar los niveles del mar en el mundo casi 12 metros y hundir muchas de las grandes ciudades costeras del planeta.

Hace poco, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático advirtió que, si se mantenían los niveles de calentamiento global entre 2 y 3 grados, esas capas de hielo podían derretirse de forma irreversible durante miles de años hasta casi desaparecer por completo, lo cual condenaría a las futuras generaciones a un aumento significativo e incesante del nivel del mar en los siglos por venir.

“Sabemos que son importantes puntos de inflexión en el sistema climático y, una vez que los dejemos atrás, será demasiado tarde para volver”, opinó Andrea Dutton, climatóloga de la Universidad de Wisconsin-Madison y coautora de un estudio que reveló que una trayectoria de 3 grados podría provocar un salto abrupto en la tasa de derretimiento antártico apenas en 2060.

Promesas en papel

A medida que los gobiernos han abierto los ojos frente al peligro, han prometido hacer más.

No obstante, hasta el momento, sus promesas a menudo solo existen en papel.

Antes de la cumbre de Glasgow, al menos 140 países han actualizado de manera formal sus planes para controlar las emisiones hasta 2030, según el Instituto de Recursos Mundiales.

Estados Unidos y la Unión Europea se comprometieron a realizar recortes más profundos.

Argentina y Sudáfrica prometieron ralentizar el crecimiento futuro del uso de combustibles fósiles.

Sin embargo, otros emisores importantes, como China e India, todavía no han actualizado de manera formal sus planes a corto plazo.

De acuerdo con Climate Action Tracker, si los países cumplen estas nuevas promesas, el mundo podría encaminarse a mantener el calentamiento en unos 2,4 grados Celsius para 2100, aunque las temperaturas seguirían aumentando a partir de esa fecha.

No obstante, esa es una suposición muy optimista.

Todavía hay muchos compromisos que no tienen el respaldo de políticas concretas y no todos los países están encaminados hacia esas metas.

Un estudio reciente de Rhodium Group reveló que, aunque el gobierno del presidente estadounidense, Joe Biden, implemente un paquete de medidas para el clima de gran envergadura —entre ellas cientos de miles de millones de dólares en gasto para energías limpias que siguen atascados en el Congreso— y cada uno de los estados adopte reglas más restrictivas, Estados Unidos apenas y seguirá el camino trazado para cumplir sus objetivos.

Un camino angosto al futuro

Aunque durante la última década la humanidad ha reducido de modo gradual el problema del clima, los científicos también han progresado.

Y sus hallazgos son nefastos: han recabado evidencia más sólida en torno al grave daño que pueden provocar incluso los aumentos pequeños de temperatura.

En otras palabras, el objetivo se ha alejado.

Cuando se firmó el Acuerdo de París, las naciones accedieron a mantener el calentamiento global “muy por debajo” de los 2 grados Celsius y a hacer un esfuerzo de buena fe para quedarse en 1,5 grados.

Sin embargo, en los años posteriores, un montón de estudios han encontrado que 2 grados de calentamiento es mucho más perjudicial que 1,5 grados.

Ese medio grado adicional suena a poco, pero podría implicar que decenas de millones más de personas en todo el mundo queden expuestas a fenómenos mortales como las olas de calor, la escasez de agua e inundaciones costeras.

Medio grado puede ser la diferencia entre un mundo con arrecifes de coral y hielo marino en el verano ártico y un mundo sin ellos.

Sin embargo, 1,5 grados es un objetivo mucho más difícil de lograr que 2 o 3 grados.

No está ni cerca de ser suficiente para llegar al máximo de emisiones mundiales en los próximos años y luego bajar poco a poco.

En cambio, las emisiones de combustibles fósiles en el mundo tendrían que caer casi a la mitad esta década y luego llegar al nivel cero de emisiones más o menos en 2050.

Este año, la Agencia Internacional de la Energía trazó un mapa sobre ese posible panorama.

Para 2030, los vehículos eléctricos tendrían que ser más de la mitad de las ventas de autos nuevos a nivel mundial, en comparación con el cinco por ciento de la actualidad.

Para 2035, los países ricos tendrían que cerrar casi todas las centrales eléctricas impulsadas por combustibles fósiles y moverse a tecnologías más limpias como la eólica, la solar y la nuclear.

Para 2040, se tendrían que haber retirado todas las plantas de carbón que queden en el mundo o modernizado con tecnologías que capturen sus emisiones de carbono y enterrarlas bajo tierra.

Serían necesarias nuevas tecnologías para limpiar sectores como el del transporte aéreo.

El martes, Naciones Unidas advirtió que la última ronda de compromisos climáticos que habían presentado los países en conjunto antes de Glasgow producirían tan solo una séptima parte de las reducciones de emisiones adicionales que se necesitan en esta década para limitar el calentamiento global total a 1,5 grados Celsius.

Sin una aceleración rápida e inmediata de las medidas, ese objetivo climático podría estar fuera del alcance en unos pocos años.

“El camino es angosto en extremo”, comentó Fatih Birol, director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía.

“En realidad, no tenemos mucho tiempo para cambiar de rumbo”.

Las naciones han comenzado a progresar en el tema del cambio climático. Sin embargo, seguiremos yendo hacia un calentamiento peligroso a menos que haya una aceleración drástica en esos esfuerzos.

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Medio Ambiente

Persiguiendo al “pájaro fantasma” del interior de Australia

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Un loro escurridizo y nocturno desapareció durante más de un siglo. Un redescubrimiento improbable condujo a un escándalo ornitológico, y luego a la esperanza.

No ha habido avistamientos confirmados de un loro nocturno vivo durante casi 140 años.

Entonces, cuando el naturalista John Young presentó evidencia del ave casi mítica en un rincón remoto del interior de Australia en 2013, fue una de las mejores historias de redescubrimiento de especies en los últimos tiempos.

Fue “el equivalente de observación de aves a encontrar a Elvis volteando hamburguesas en una casa de campo del Outback”, dijo Sean Dooley de BirdLife Australia, a la emisora ​​nacional del país en ese momento.

Un dibujo del siglo XIX del escurridizo loro nocturno australiano, que se cree extinto durante más de un siglo.  (Elizabeth Gould vía The New York Times)Un dibujo del siglo XIX del escurridizo loro nocturno australiano, que se cree extinto durante más de un siglo. (Elizabeth Gould vía The New York Times)

Se volvió más extraño a partir de ahí, cuando el descubrimiento se corrompió.

Durante los siguientes ocho años, el hallazgo desencadenó una serie de avances en el seguimiento del “pájaro fantasma“, como se describe en algunas narraciones aborígenes.

Pero se necesitarían equipos de guardabosques indígenas, que trabajen con científicos en los paisajes más implacables y remotos de Australia, para acelerar el descubrimiento de más poblaciones de loros nocturnos en los últimos meses, una hazaña que, en última instancia, puede ayudar a salvar la especie.

Un loro nocturno en la Reserva Pullen Pullen en Queensland en 2016. (Nick Leseberg vía The New York Times)Un loro nocturno en la Reserva Pullen Pullen en Queensland en 2016. (Nick Leseberg vía The New York Times)

El loro nocturno fue considerado durante mucho tiempo el santo grial de la observación de aves australiana.

Young capturó una prueba fotográfica en una estación ganadera en el estado australiano de Queensland de que el loro aún vivía.

Cuando presentó sus imágenes en el Museo de Queensland, su descubrimiento provocó “jadeos y murmullos colectivos”, según la revista Australian Geographic.

Young tenía un historial de hacer afirmaciones cuestionables.

En 1980, afirmó haber redescubierto el loro del paraíso extinto, pero no pudo presentar pruebas.

En 2006, anunció el descubrimiento de una nueva especie, el loro de higuera de frente azul, pero se cuestionó la autenticidad de sus fotografías.

Cuando se le preguntó más tarde sobre su historial de hacer afirmaciones no probadas, Young dijo una vez:

“No sabía que era un crimen emocionarse por un hallazgo y exagerar un poco”.

Se negó a ser entrevistado para este artículo.

Kathryn Njamme, una guardabosques Ngururrpa que creció escuchando historias sobre el loro nocturno de los ancianos. (Angie Reid vía The New York Times)Kathryn Njamme, una guardabosques Ngururrpa que creció escuchando historias sobre el loro nocturno de los ancianos. (Angie Reid vía The New York Times)

Su triunfo con el loro nocturno trajo una medida de redención, por un tiempo.

Los informes de noticias anunciaron el hallazgo de Young.

En 2016, se convirtió en ecólogo de campo senior en Australian Wildlife Conservancy.

Pero el escándalo nunca estuvo lejos.

En 2018, Young proporcionó su fotografía de loro nocturno a la revista Audubon, que lo estaba perfilando; la foto se había publicado antes, pero esta versión no se recortó.

Los lectores de la revista notaron una malla de pajarera en la esquina de la foto, y siguieron acusaciones de que había detenido ilegal y excesivamente al pájaro, y posiblemente incluso lo había herido.

Negó las acusaciones.

Young realmente había encontrado el loro nocturno.

Pero una revisión independiente descubrió que había falsificado grabaciones de audio de las aves y que una de sus fotografías de un posible nido de loros nocturnos contenía huevos falsos.

Young renunció a su cargo.

Mientras se desarrollaban las disputas sobre los métodos de Young, otros investigadores estaban llevando a cabo su propia búsqueda del loro nocturno.

Un fantasma en verde y dorado

Es difícil imaginar un pájaro más difícil de rastrear que el loro nocturno.

Las aves nocturnas que viven en el suelo se refugian en medio de gruesos matorrales de hierba seca y puntiaguda en las regiones más aisladas y hostiles de Australia, algunas a más de 2000 kilómetros de la ciudad más cercana.

Hasta el descubrimiento de Young, casi todo lo que los científicos sabían sobre el loro nocturno procedía de las entradas del diario de los ornitólogos aficionados del siglo XIX y de una pequeña cantidad de especímenes de museos.

El explorador inglés Charles Sturt, en una expedición de 1845 en el suroeste de Queensland para encontrar un mítico mar interior en el centro de Australia, “arrojó un loro terrestre”, es decir, escribió, “verde oscuro moteado de negro.

Subió y cayó como una codorniz “.

John Gould, un ornitólogo inglés, describió formalmente al loro nocturno en 1861.

Las expediciones buscaron al pájaro, pero pocas tuvieron éxito.

En la década de 1870, Frederick Andrews, que trabajaba para el Museo de Australia Meridional, recolectó más de una docena de especímenes en el árido norte del estado.

Entonces el rastro se enfrió.

Hubo avistamientos, pero ninguno confirmado.

Se encontró un cadáver de loro nocturno en el oeste de Queensland en 1990 y otro en 2006.

En 2012, la revista Smithsonian colocó al loro nocturno en la parte superior de su lista de las especies de aves más misteriosas del mundo.

En los dos años posteriores al descubrimiento inicial de Young, los científicos habían grabado llamadas de loros nocturnos, pero “solo sabíamos de un par de pájaros”, dijo Nick Leseberg, investigador de loros nocturnos y candidato a doctorado en la Universidad de Queensland.

“En serio, dos loros nocturnos en el universo”.

Eso cambió en 2015.

Un grupo de científicos en una expedición, financiada por una empresa minera y dirigida por Steve Murphy, un ecólogo y experto en loros nocturnos, encontró una pequeña cantidad de loros nocturnos cerca del sitio del descubrimiento de Young.

Al año siguiente, Murphy logró colocar una etiqueta de GPS en una de las aves; la batería duró poco más de 11 minutos, pero fue suficiente para capturar brevemente los movimientos de una de las aves más raras del mundo.

Reveló que el hábitat principal de los loros nocturnos en Queensland consistía en áreas de matas de hierba llamadas triodia que no habían sido afectadas por el fuego durante mucho tiempo, y cerca de fuentes de agua y llanuras aluviales ricas en semillas.

Triodia se llama comúnmente spinifex en Australia, pero proviene de una familia diferente de gramíneas.

Los loros nocturnos son extremadamente vocales, particularmente justo después del atardecer, cuando buscan comida y agua, y justo antes del amanecer.

En 2016, Leseberg, en colaboración con Murphy, colocó equipos de grabación de audio en áreas del oeste de Queensland donde los loros nocturnos podrían estar presentes.

Utilizando estas y grabaciones anteriores, Leseberg programó un software para reconocer los cantos nocturnos de los loros:

los inquietantes, dos o tres silbidos que los loros usan al salir de sus refugios, el croar como ranas mientras vuelan, de miles de horas de grabaciones.

Mientras estos científicos avanzaban en la identificación de pequeñas poblaciones de loros nocturnos, otros grupos también ganaban terreno.

En 2017, los guardabosques indígenas de Paruku, un área protegida en Australia Occidental, fotografiaron un loro nocturno con una cámara trampa.

Su descubrimiento despertó un nuevo interés en los loros nocturnos entre los grupos de guardabosques aborígenes de todo el estado.

Un descubrimiento liderado por indígenas Australia tiene vastas franjas de áreas protegidas indígenas: tierra y mar preservados para fines culturales y de conservación, que son propiedad y están administrados por una variedad de grupos aborígenes.

Los programas de guardabosques indígenas tienen como objetivo proteger la biodiversidad de estas áreas y se basan en el conocimiento cultural de la tierra, gran parte del cual se transmite de los ancianos de la comunidad.

Clifford Sunfly es un guardabosques de 27 años de Ngururrpa, un área de 11,500 millas cuadradas de tierra indígena protegida en el Gran Desierto Arenoso de Australia Occidental.

Está al sur de Paruku, donde las cámaras trampa habían capturado fotos de un loro nocturno.

Sunfly, el guardabosques más joven de su comunidad, creció viendo documentales sobre la naturaleza de Sir David Attenborough.

Fue la primera persona de Ngururrpa en graduarse de la escuela secundaria.

Y acaba de convertirse en el primer guardabosques de su comunidad en ver un loro nocturno.

Ngururrpa está a 970 kilómetros de la ciudad más cercana.

Pero si hay algún indicio de la cantidad de cantos de aves registrados, es posible que contenga la mayor población conocida de loros nocturnos.

Después del descubrimiento de Paruku en 2017, la cantidad de poblaciones conocidas de loros nocturnos creció gradualmente al principio:

un puñado en el sur del desierto, algunos cientos de millas más en el norte.

Pero en 2018, un nuevo enfoque colaborativo lo cambió todo.

Los grupos de guardabosques de Australia Occidental invitaron a Leseberg y Murphy a una reunión en Balgo, una comunidad en el extremo norte del Gran Desierto de Arena, para ayudar en las expediciones de los guardabosques.

Los científicos explicaron el tipo de hábitat donde los guardabosques podrían encontrar loros nocturnos y les enseñaron cómo configurar las grabadoras de audio.

Después de eso, el número de poblaciones recién descubiertas ha aumentado drásticamente.

Las primeras llamadas nocturnas de loros se detectaron en Ngururrpa en 2019; Ahora hay 14 poblaciones conocidas de loros nocturnos en Australia Occidental.

En agosto, Neil Lane, un guardabosques en el país de Martu, a cientos de millas al suroeste de Ngururrpa, se convirtió en el primer guardabosques indígena en ver un loro nocturno después de buscar en un sitio que los ancianos de su comunidad habían identificado.

“Ellos conocen el país”, dijo Lane, de 36 años.

Rodeado de dunas rojas, bajó del vehículo y un loro nocturno voló desde un grupo de spinifex.

Llegaron otros guardabosques, formaron una línea y caminaron por la hierba. Volvieron a enrojecer al pájaro y todos lo vieron.

En noviembre, un equipo de guardabosques de Ngururrpa, incluido Sunfly, montó una expedición nocturna de loros después de que las grabadoras de audio detectaran miles de llamadas.

Los guardabosques desafiaron incendios forestales e inundaciones para llegar a su destino.

Poco después del atardecer de la segunda noche, Sunfly se convirtió en el primer guardabosques Ngururrpa en ver un loro nocturno.

“Voló sobre mí”, dijo. “Volaba muy silencioso. Pero escuché el batir de alas. Entonces vi su contorno en las estrellas “.

Aunque los guardaparques no son científicos, están “muy en sintonía con todos los aspectos del medio ambiente y muy conscientes de ellos” en los que vivió su gente durante milenios, dijo Murphy.

“La ciencia basada en la observación que desarrollaron fue increíblemente detallada”.

Es hora de reconocer que hay otros expertos, como los ancianos de la comunidad y los guardabosques, dijo Malcolm Lindsay, gerente de programa de Environs Kimberley, una organización sin fines de lucro que trabaja con grupos de guardabosques en el Gran Desierto de Sandy.

“Su enfoque es más holístico”, dijo.

“Sí, quieren conservar el loro nocturno, pero también proteger su conocimiento cultural, prácticas, comunidades y paisajes que sustentan a las aves”.

A pesar de los avances recientes, los loros nocturnos siguen estando en peligro crítico de extinción.

Tan solo 15 aves sobreviven en Queensland, dijo Leseberg.

La mayoría de estos se encuentran en la reserva Pullen Pullen de 217 millas cuadradas, que es administrada por la organización sin fines de lucro Bush Heritage Australia, en el oeste del estado.

“Cada vez que salgo, voy a la colina donde estaban la última vez, espero la puesta del sol y contengo la respiración”, dijo Leseberg.

“Siempre los encontramos al final, pero tu corazón siempre está en tu boca”.

La situación es más prometedora en Australia Occidental, pero incluso allí, el futuro de las aves es incierto; puede haber menos de 250 loros nocturnos repartidos en un área más grande que Minnesota.

En Ngururrpa, Sunfly y sus compañeros guardabosques encontraron no solo loros nocturnos, sino también huellas dejadas por gatos.

Los gatos salvajes matan aproximadamente 272 millones de aves australianas cada año, y Leseberg cree que los gatos matan a la mayoría de los loros nocturnos jóvenes.

“Cuando hay una gran distancia entre poblaciones pequeñas, los eventos estocásticos”, como un incendio forestal o un aumento en la cantidad de gatos salvajes, “pueden dejarlos fuera de combate muy rápido”, dijo.

Mientras tanto, la participación de los guardabosques no solo ayuda al loro nocturno.

Los programas también están volviendo a conectar comunidades remotas del desierto con tierras tradicionales como Ngururrpa.

A medida que se involucraron más guardabosques, están surgiendo historias tradicionales sobre el loro nocturno.

“Solían decirnos: ‘¿Escuchaste eso? Alguien te está silbando “.

Lo hacían para asustarnos cuando éramos traviesos”, dijo Kathryn Njamme, una guardabosques ngururrpa muy respetada por su conocimiento tradicional, sobre las historias de loros nocturnos que solía escuchar.

“Nos sentimos felices de estar de regreso en el país”, dijo Njamme, de 48 años. “Nuestro espíritu pertenece a este país y nuestro trabajo aquí es cuidar la tierra. Queremos sacar a todos los jóvenes al país para que la próxima generación pueda hacerse cargo ”.

En la búsqueda continua del loro nocturno, Sunfly ha aprendido tanto de los científicos como de su propia comunidad.

“Usamos la tecnología para ayudar a identificar dónde podrían estar los loros nocturnos”, dijo. “Pero le preguntamos todo a los ancianos. Todo viene de los ancianos ”.

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