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Ginés González García dijo que el Gobierno quiere alcanzar la inmunidad de rebaño en julio y que Argentina tiene aseguradas 62 millones de vacunas

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La oposición reclamó precisión en los anuncios y consultó sobre el rol de Cristina Kirchner en la compra de la Sputnik V. A pesar de las diferencias, el tono fue respetuoso y moderado

En su presentación ante la Cámara de Diputados, el ministro de Salud, Ginés González García, defendió la gestión en la pandemia y el plan de vacunas, aseguró que “nunca faltaron tests en Argentina”, insistió en que “nunca hubo un sistema de información tan completo” y denunció que “hay un sistema de falsas noticias que erosionan la confianza pública”. A pedido del interbloque Juntos por el Cambio, el funcionario también explicó minuciosamente por qué no se compró la vacuna Pfizer: “No sé si no tienen las vacunas suficientes” pero “el proceder de la empresa no ha correspondido con cómo se comportó con la Argentina. Pfizer se portó muy mal con nosotros”.

“Para el gobierno argentino, Pfizer se portó muy mal con nosotros y la verdad que no tuvo ninguna correspondencia con la actitud que tuvimos: primero de hacer el ensayo clínico; la máxima apertura, el presidente involucrado; y la ley específica para adecuarnos a todas las exigencias, que no son solo de Pfizer, pero Pfizer es el que más duramente las hace”, detalló con evidente malestar.

La oposición había pedido una reunión pública que se transmitió por la señal oficial de TV de DiputadosLa oposición había pedido una reunión pública que se transmitió por la señal oficial de TV de Diputados

Sobre la desinformación a la que hizo referencia, el ministro apuntó que “genera quiebre en el ánimo colectivo” y desmembró los datos sobre las compras de test, insumos, voluntarios para trabajar en el plan de vacunación, “las 4.000 camas de terapia intensiva que tenemos que antes no teníamos” y los contratos firmados o por firmar. ”Cuando arrancó todo esto sólo había un lugar para hacer los análisis, el Malbrán, y ahora tenemos 1.400″, resaltó. Y continuó: “Someten a uno a cosas tan duras como que lo acusen de asesino o que envenena a los argentinos, que por supuesto son cosas descabelladas. Obviamente habremos hecho cosas no demasiado correctas alguna vez, pero en líneas generales me siento muy conforme de que en un país hayamos una política en común con todas las provincias desde el primer día”.

Tras dos horas de exposición, protagonizó un roce con el tucumano José Cano que, si bien reconoció el trabajo conjunto de Nación con las provincias, defendió a la oposición: “No somos antivacunas”, subrayó y pidió cautela en los anuncios para no generar expectativas que luego no se cumplen. “Usted habló de que la prensa o la oposición señalaban cuando hay una o dos semanas de demora pero no son una o dos semanas, ya estamos a mediados de febrero y no se vacunó más que al 0,3 o 0,4% de la población”. Por eso, como lo hicieron la también radical Claudia Najul y el diputado y médico Eduardo ‘Bali’ Bucca (bloque Justicialista), insistió en conocer el programa de vacunación para los próximos meses.

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El ministro no se aguantó y chicaneó a Cano: “Qué bueno que se preocupa por las vacunas porque no se preocuparon en su gobierno, dejaron 12 millones de dosis en la aduana”. Y apuntó que “Recién es 3 de febrero, no es mediados de febrero”. El presidente de la comisión, Pablo Yedlin, medió entre ambos y pidió que no dialogaran. “Quédese tranquilo, a mediados de febrero va a tener mejores noticias que las que tiene ahora”, se quedó con la última palabra el ministro.

Ante la reiterada consulta, informó que el total de vacunas llegará a 62 millones y que su gestión tiene “el mayor presupuesto de Salud desde el regreso de la democracia”. En varios momentos, los diputados del Frente de Todos le agradecieron la presencia y le hicieron consultas más amables. Pero también le agradecieron los diputados opositores.

“Después de julio se lograría una inmunidad de rebaño”, continuó el ministro en una exposición que duró tres horas y media en total.

En tanto, Ginés González García habló de las tratativas desde julio para la llegada de las 820.000 dosis ya compradas de la Sputnik V, de las que se distribuyeron unas 710.000. Sobre las demoras, habló de una situación mundial: “Hay una guerra fría y se agrega una sobredimensión de las capacidades productivas de algunos vendedores que prometieron más de lo que pueden”.

Sergio Massa abrió la presentación del ministro de Salud Foto NA: MAXI VERNAZZA/HCDNzzzzSergio Massa abrió la presentación del ministro de Salud Foto NA: MAXI VERNAZZA/HCDNzzzz

El funcionario ya se había reunido con algunos diputados de la comisión de Acción Social y Salud pero la principal oposición, Juntos por el Cambio, le reclamó su presencia en el ámbito del Congreso. A las 17.29 el ministro fue presentado por el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, ante un centenar de legisladores, de todas las fuerzas políticas, una presencia inédita. La comisión tiene 35 integrantes pero la expectativa que generó llevó a que participara el triple de legisladores. El Frente de Todos los invitó ex profeso como un gesto de apoyo al ministro.

En el arranque Massa instó a la oposición al diálogo. “La inmunización y la pelea contra el virus y la pandemia nos compete a todos, no tiene que haber peleas ni mezquindades”. Y habló de la necesidad de contar con “información clara y transparente”. “Ser veraces a la hora de transmitir información”, apuntó y elogió al ministro tras la publicación en la revista británica The Lancet de los estudios de la Sputnik V, la vacuna rusa que ya se aplica en Argentina y sobre la que la oposición reclamaba certezas e información. “Debe ser una satisfacción el informe de The Lancet y el nivel de confiabilidad, debe ser una satisfacción y una enorme tranquilidad”, agregó el diputado que instó a “cuidarnos y unirnos en el trabajo”. Por las dudas advirtió sobre el trabajo en esta esta etapa “siempre y cuando lo hagamos de buena fe”.

El evento se realizó en forma remota: Massa en el Salón de Honor en el Palacio Legislativo; González García y su equipo en el Ministerio (Lisandro Bonelli, Jefe de Gabinete; Carla Vizzotti, Secretaria de Acceso a la Salud; Mauricio Monsalvo, Subsecretario de Gestión Administrativa; Manuel Limeres. Administrador Nacional de la ANMAT y Mirta Roses, presidenta de la Comisión de Inmunidad), mientras que los diputados se conectaron desde sus despachos algunos y otros desde sus domicilios particulares. Presidió la reunión el tucumano Pablo Yedlin, médico pediatra, que prefirió viajar y se conectó desde el Congreso.

Durante su presentación el ministro de Salud enumeró una a una la situación de la compra de cada vacuna. Sobre el sistema COVAX, dijo que se compraron 9 millones de dosis que se pagaron 31 millones de dólares y sobre la proveniente de China señaló que se presentaron los estudios pero “está en revisión de la ANMAT, no podemos firmar un contrato sin la información”. La Sputnik más AstraZeneca y el resto de las vacunas dan una suma de 62 millones. “Si sacamos los 15 millones de argentinos que tienen menos de 18 años, casi tenemos cubierta la población argentina”, concluyó.

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Arrancó con la ronda de preguntas la vice de la comisión que recogió las inquietudes de todo su interbloque. Amable pero con firmeza, Carmen Polledo, vicepresidenta de la comisión por el PRO advirtió: “Estamos para apoyar pero necesitamos información”. Después leyó el extenso cuestionario.

El ministro respondió en el mismo tono calmo en que arrancaron las preguntas y sobre la frustrada negociación con Pfizer recordó que se pidió una ley al Congreso y que luego el laboratorio pidió cambios y que “en lo que más énfasis pusieron fue en la negligencia y nosotros no podíamos cambiar la ley”. “Siempre tuvimos intención de comprar la vacuna Pfizer, hasta la semana pasada”, indicó y aseguró que se hicieron todos los ensayos y esfuerzos posibles: “pero no resignar la soberanía ni cambiar las leyes”. Y enfatizó: “He tenido una gran desilusión…alguna vez dije que parecía que exigían tanto porque no tenían seguridad en su vacuna…otras veces dije que no podían, después de haber una ley, decir que quieren más cosas. No sé si no es que no tienen las vacunas suficientes, como ha pasado en todas partes del mundo que no han cumplido, o si existe otra razón”.

Sobre una de las vacunas chinas, cuya tercera fase está en análisis en la ANMAT, González García planteó que se estudia con cuidado porque, entre otras cosas, “vale el doble”.

Le consultaron también si se utilizará ivermectina, como lo hacen algunas provincias, a pesar de no estar autorizado para el COVID-19. “Estamos muy atentos, si bien creo que es una cosa que tiene una cantidad de ventajas como precio y accesibilidad porque es oral y no tiene contradicciones importantes, por ahora no pasó el ANMAT”, advirtió el ministro. De todos modos consideró que las provincias pueden utilizar el medicamento “sin contarlo afuera” porque sus respectivas legislaciones lo permiten. Sobre por qué no lo hace el Estado nacional recalcó que se busca consenso científico en la comunidad internacional y el respaldo de ANMAT.

Desde Santa Fe, Gisela Scaglia, del PRO, preguntó cuál fue el rol de la vicepresidenta Cristina Kirchner en la compra de la vacuna rusa. Ginés González García resaltó el perfil internacional como ex presidenta pero sobre la Sputnik V respondió: “No puedo decir qué rol tuvo, no me consta ninguno, obviamente su actividad seguramente ha facilitado las conversaciones que ha tenido el Presidente de la Nación con el presidente Vladimir Putin. La relación siempre ha sido Estado-Estado”.

Cerca del final hubo otro cruce, en este caso con el catamarqueño de la Coalición Cívica Rubén Manzi, que preguntó si habrá normativas nacionales para unificar, por ejemplo, las medidas de aislamiento porque “algunas provincias terminan cercenando libertades individuales de manera innecesaria”. No mencionó las denuncias de Formosa, pero habló de aislamientos de 28 días o de la situación de Catamarca donde se aislaba por 21 días a quienes ingresaban a la provincia. El ministro esquivó el tema: “Los incumplimientos suelen ser por no querer aplicar medidas que pueden aplicar, que el presidente les ha delegado y que por no confrontarse con situaciones sociales deciden conductas que no aconsejamos en nombre de las libertades individuales”. Lo salvó Yedlin, que evitó que siguieran el intercambio. El ministro terminó contestando por celular porque la videoconferencia se muteó de su lado y no pudieron arreglarlo.

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Un año de coronavirus y más de 50.000 muertos: las historias de los que perdimos y no pudimos despedir

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El 3 de marzo de 2020 comenzó la pandemia en la Argentina. El 7, falleció Guillermo Gómez, la primera víctima de COVID-19. Aquí, diez casos emblemáticos que narran cómo se esparció el dolor por el país

Nos acostumbramos a demasiadas cosas. Nos acostumbramos a convivir, desde hace un año, con un reporte diario de las cifras de la pandemia. Nos acostumbramos a esa palabra, “pandemia”, y también a medirla en números, porque ponerles nombre es demasiado doloroso. ¿Cómo naturalizar la crueldad de no poder despedir a nuestros muertos, de hijos viendo morir a sus padres a través de una ventana o un teléfono, de familias sin derecho a velar a los que amaron?

Casi 53.000 personas murieron en la Argentina por coronavirus, la mayoría tenía más de 60 años y patologías previas. Recordar hoy algunas de sus historias es un intento de darles esa despedida que tantos no pudieron tener. Una forma de duelo colectivo que nos permita honrarlos para seguir adelante.

Guillermo Abel Gómez, el primer muerto por COVID-19 en el país
Guillermo Abel Gómez, el primer muerto por COVID-19 en el país

El primero en morir fue un sobreviviente

Las tragedias de las personas, como las de los países, a veces se superponen de la manera más dolorosa. La primera de las víctimas de COVID-19 en la Argentina fue un militante político y social que pasó su vida en el exilio después de ser secuestrado y torturado por la Triple A. Guillermo Abel Gómez murió el 7 de marzo de 2020.

Hacía solo seis años que había regresado de Francia junto a su mujer, Nelly. Pero allí quedó su hija María Eugenia, a la que visitaron el verano pasado cuando todavía se sabía poco y nada de la pandemia. No era un viaje más: habían ido a conocer a su nieta. Volvieron el 25 de febrero. Los síntomas comenzaron dos días después: fiebre y dolor de garganta.

En los 70, Guillermo trabajaba como recolector de basura y militaba en el Movimiento Villero Peronista en las villas de emergencia de Soldati cuando él y su compañera embarazada fueron secuestrados. Lograron escapar a Europa antes de la dictadura militar con la ayuda de curas que conocían del barrio. Su hija nació en París. Pero las cosas allá tampoco fueron fáciles: Guillermo consiguió un puesto de lavacopas y, más tarde, como ordenanza en un organismo público francés en donde con el tiempo lo eligieron delegado. También fue parte de los grupos que denunciaban la desaparición de personas en la Argentina. Nunca dejó de extrañar su patria.

Hace cinco años, pudo por fin instalarse con Nelly en un PH en San Telmo. La lucha de toda una vida le había dejado secuelas en el cuerpo: era diabético, hipertenso y tenía insuficiencia renal. Un viejo compañero de militancia fue el que lo cargó en un taxi y lo llevó al hospital Argerich porque la ambulancia no llegaba. Se habían reencontrado en 2019. Dicen que era “un gordo querible y solidario, sencillo, vehemente, capaz, calentón y un extraordinario contador de anécdotas”.

No estuvo aislado, sino en una unidad coronaria: recién en la autopsia se determinó la causa de su muerte. Guillermo tuvo al menos esa suerte frente a los muertos de Covid que le seguirían: no murió solo.

Eric Luciano Torales con el barbijo puesto al volver de Miami, foto de sus redes sociales.
Eric Luciano Torales con el barbijo puesto al volver de Miami, foto de sus redes sociales.

Luis: del festejo a la fatalidad

El miedo y la necesidad de encontrar explicaciones, certezas y culpables a toda costa nos hicieron señalar con el dedo a familias que ya estaban atravesadas por el desconsuelo. Luis María Suárez murió el 1 de abril de 2020. Tenía 78 años y era diabético e hipertenso. Dos semanas antes había podido reunir a todo el clan para la fiesta de 15 de su nieta en un salón de La Reja. Otro de sus nietos, Eric Luciano Torales, de 24 años, había vuelto de Miami el día anterior y, pese a que un decreto presidencial ya señalaba la obligatoriedad de aislarse durante 14 días al llegar del exterior, no quiso perderse el cumpleaños de su prima.

Torales, que es empleado bancario, ingresó con síntomas de coronavirus en la Clínica Adventista de Belgrano al día siguiente. Había estado bailando y conversando con varios de los cien invitados al festejo. Se cree que así fue como infectó a una docena de personas, entre ellos el disc-jockey, la cumpleañera, la madre de Torales y su abuelo Luis María. Suárez fue internado en la Clínica Mariano Moreno el 22 de marzo. “Durante la internación evolucionó desfavorablemente, manifestó distrés respiratorio y requirió asistencia respiratoria mecánica”, informó la Secretaría de Salud de Moreno. Su nieto ya no volvió a verlo. Ni siquiera pudo despedirlo ni ir a su entierro. Fue procesado por el juez Néstor Barral como “autor penalmente responsable del delito de propagación de enfermedad peligrosa y contagiosa culposa agravada por el resultado de enfermedad y muerte”. Y juzgado con crueldad por la opinión pública; convertido en un símbolo de la letalidad de la imprudencia, tuvo que cerrar todas sus redes sociales por el aluvión de críticas. Su pecado nos hubiera parecido absurdo en cualquier otro contexto: no faltar a una fiesta familiar.

Liliana del Carmen Ruiz tenía 52 años, un marido y dos hijos. Contrajo dengue y luego le diagnosticaron Covid-19. Murió a causa de una insuficiencia respiratoria
Liliana del Carmen Ruiz tenía 52 años, un marido y dos hijos. Contrajo dengue y luego le diagnosticaron Covid-19. Murió a causa de una insuficiencia respiratoria

Liliana, la médica humilde que trabajó hasta el final

Fue la primera médica en contagiarse en el país, y el primer caso en La Rioja. Liliana del Carmen Ruiz era una mujer humilde que había superado lo inimaginable para llegar a ejercer su profesión. Tenía 52 años, estaba casada, era madre de dos hijos y pediatra. De origen humilde, su padre era panadero y su madre una empleada doméstica que murió de cáncer cuando ella tenía solo 12 años.

Su hija menor, Sofía, contó en un posteo en Facebook que su mamá creció jugando con muñecas de trapo: en su casa no había dinero, “pero sí mucho amor y pan calentito”. Se fue a estudiar medicina a Córdoba cuando terminó la secundaria: vivió de pensión en pensión y “tomando sopa todas las noches para no gastar”.

Con 20 años y en plena cursada, recibió un diagnóstico que puso en pausa su carrera: cáncer de cuello de útero. Pero salió adelante y se recibió. A los 33, ya casada con el padre de sus hijos, la salud volvió a jugarle una mala pasada: se enteró de que tenía artritis reumatoidea y celiaquía. Sin embargo, ni el dolor crónico pudo quitarle la entrega por sus pequeños pacientes. “Se acordaba de todos –recordó Sofía–. Estoy segura de que a un tercio de ellos los atendió gratis. No le importaba: sabía lo que era estar del lado de quien no tiene nada”.

Hasta el 20 de marzo del año último repartió sus consultas entre el Hospital Vera Barros y la Clínica Mercado de La Rioja. Allí la internaron ese día por problemas respiratorios. Los primeros estudios indicaron dengue. Cuando el hisopado de coronavirus dio positivo, fue una sorpresa: no había viajado al exterior ni podía identificar en qué momento había estado en contacto con personas contagiadas. Fue la primera en morir de Covid-19 en su provincia, el 31 de marzo de 2020. Su hija contó el desgarro de un duelo que con el tiempo y los muertos llegamos a normalizar: nadie pudo estar ahí para rezar por ella, para sostener su mano, ni para darle un beso. Cientos, en cambio, honraron en las redes la memoria de esa mujer que había puesto la misión de curar niños incluso por encima de su propia salud.

Alicia Iriarte, de 34 años, junto a su hija, fallecida por Covid-19. Tenía patologías preexistentes: parálisis cerebral y EPOC
Alicia Iriarte, de 34 años, junto a su hija, fallecida por Covid-19. Tenía patologías preexistentes: parálisis cerebral y EPOC

Rosario: demasiado pronto

Y llegó un día en que supimos que el virus también podía ser impiadoso con los más chicos. El 12 de junio de 2020 el COVID-19 se cobró a la más inocente de sus víctimas en la Argentina. Rosario Zamudio tenía 8 años y su mamá tampoco pudo sostener su mano chiquita en el minuto final. Alicia Iriarte, una madre soltera de 23 años, se despidió de su hija con un beso el 11 de junio por la noche. Le dijo “te amo” y le acarició la cara. Estaban, las dos, en la fría sala de terapia intensiva del sanatorio Nuestra Señora del Rosario de San Salvador de Jujuy. Una hora atrás había llegado el resultado del test de coronavirus: era positiva. El protocolo indicaba que debía ser trasladada al Hospital Materno Infantil de la ciudad, y Alicia pensó que en unos días volverían a estar juntas. Rosario murió el domingo 12 a las seis de la tarde. Su mamá nunca más la vio. Ni viva, ni muerta.

Alicia, gendarme y hasta hace poco en pareja con Andrea (“la segunda mamá de Rosario”), le contó a Infobae entonces que su hija “tenía una patología preexistente. Había nacido prematura, a los ocho meses del embarazo, con parálisis cerebral y EPOC”. Su papá le dió el apellido, y eso fue todo lo que hizo. Alicia se hizo cargo de todo. “¡No sabés lo que luchó mi hija por vivir! Por cómo había nacido, no le daban ni dos semanas de vida. Le hablabas y ella se conectaba, se sonreía. La peleó hasta lo último. Siempre fuimos muy fuertes porque estábamos juntas. Nunca nos separamos: en las internaciones, donde ella estaba, yo también. Fue muy amada, muy querida por su familia y todos quienes la conocieron”.

Alicia trató de darle la mejor vida: “Siempre quisimos que la pase bien. Aunque era como una bebé grande, que no caminaba y estaba en la cama o en su sillón, bailaba. Con todo, tuvimos buenos momentos. Pude llevarla a un cine, a un parque, le encantaba la calesita. Ella no jugaba, no hablaba, pero tuve una hija maravillosa”.

Rosario fue internada un viernes por una obstrucción respiratoria por una bacteria que ya le había colonizado los pulmones. Al día siguiente, sin embargo, llegó el resultado del hisopado positivo de coronavirus. Alicia fue separada de su hija y solo obtuvo noticias por teléfono. Tres partes lacónicos y definitivos. El de la mañana decía que estaba estable. El del mediodía, como un mazazo, “que se preparara para lo peor”. Y el de las siete de la tarde, que había fallecido. “Yo no la podía ver. No me dejaron ni acercarme para vestirla”, relató quebrada. Logró finalmente, que le concedieran un derecho básico: “Me autorizaron a esperar su féretro a la salida de la morgue. Pude tocar el cajón, que tenía una funda, y decirle que la amaba. Lo único que quería era despedirme”.

Ramona Medina tenía 42 años y era paciente diabética, insulino-dependiente
Ramona Medina tenía 42 años y era paciente diabética, insulino-dependiente

Ramona, la referente

Ramona Medina tenía 42 años. Era tucumana y amaba bailar. Se había convertido en una referente barrial de la Villa 31, en donde compartía una casa sin agua con su pareja, sus hijas Maia y Guadalupe (que tiene Síndrome de West y Síndrome de Aicardi, no puede hablar ni comer ni sostener su postura sin ayuda y requiere oxígeno todas las noches) su cuñada de 62 años, su cuñado de 68, su sobrino con problemas cardíacos y su sobrina diabética. El 3 de mayo de 2020, en un video difundido por la organización La Poderosa, denunció la dura realidad de muchas familias como la suya: “Nos piden que nos higienicemos, que nos lavemos las manos, que tengamos mayor cuidado, que nos pongamos tapabocas, que no salgamos a la calle ¿Y con qué lo hacemos si no tenemos agua?”.

Ramona era diabética e insulino dependiente, pero sobre todo tenía miedo por la salud de Guadalupe. Una semana después de su mensaje, fue diagnosticada con coronavirus e internada en grave estado, sedada y conectada a un respirador en la terapia intensiva del Hospital Muñiz. Fuerte como era, murió el 17 de mayo. Aislada, como todos los que mueren por coronavirus, justo ella que había construido una red para que tantos se sintieran menos solos en su vulnerabilidad.

Solo en la Ciudad, 18.593 personas se contagiaron y 295 murieron de COVID-19 en barrios populares desde que comenzó la pandemia según datos del gobierno porteño. Ramona Medina les puso nombre y apellido.

El recuerdo de Gabriel, el florista de Las Cañitas, que murió a los 57 años por COVID-19 (Thomas Khazki)
El recuerdo de Gabriel, el florista de Las Cañitas, que murió a los 57 años por COVID-19 (Thomas Khazki)

Gabriel, o la pérdida de lo cotidiano

Gabriel Torranzo vivía y murió en Vicente López, territorio bonaerense. Pero seis veces por semana llenaba de flores su esquina de Las Cañitas. Era el único de su familia que vivía en Buenos Aires, todos los demás seguían en su San Luis natal. Es lo que más les dolió a sus vecinos, que perdieron con él la natural belleza de lo cotidiano: saber que ninguno de sus parientes pudo despedirse de él, ni siquiera su única hija.

Gabriel tenía 57 años y durante tres décadas había vendido flores en Matienzo y Soldado de la Independencia. Era hincha de River y le gustaba hablar con todo el mundo. Su puesto olía a jazmines.

Llegó al Hospital de Vicente López con una neumonía. Ya internado le diagnosticaron coronavirus. Su situación se agravó, estuvo en Terapia Intensiva tres semanas, intubado, hasta que mejoró. Entonces lo extubaron, se despertó varias veces, y parecía que se iba a recuperar. Pero el 30 de junio de 2020 sufrió varios infartos de los que no lo pudieron sacar.

Después de su muerte, los comerciantes y los vecinos de Las Cañitas convirtieron su puesto en un santuario. Cada barrio tuvo este año su Gabriel, el símbolo de esas pérdidas que nos enfrentaron con la realidad de un virus tan capaz de quitarnos el olfato como de robarnos el perfume de lo conocido.

El doctor Juan Lobel es la primera víctima fatal que el coronavirus deja en el SAME. Tenía 47 años, 4 hijos y no poseía antecedentes de otras patologías
El doctor Juan Lobel es la primera víctima fatal que el coronavirus deja en el SAME. Tenía 47 años, 4 hijos y no poseía antecedentes de otras patologías

Juan: morir en el frente de batalla

Durante la primera etapa de la cuarentena, los médicos eran aplaudidos cada noche y hasta los noticieros hacían una pausa a las 21 en punto para marcar la hora del saludo a los que estaban en la primera línea de batalla. Con el tiempo, el foco se corrió y los homenajes se espaciaron. Pero las sirenas no dejaron de sonar nunca.

Juan Lobel tenía 47 años y cuatro hijos. Fue el primer médico del SAME en morir a causa de la pandemia. Integraba el sistema de atención de emergencias porteño desde octubre de 2017. No tenía patologías previas y había elegido estar ahí donde más lo necesitaban. En junio de 2020 contrajo coronavirus y fue internado en el Sanatorio Güemes de Palermo, donde trabajaba. Murió dos meses más tarde, el 29 de agosto. El domingo 30, sus compañeros hicieron una emotiva despedida en el Obelisco. Con un gran despliegue de ambulancias y un helicóptero sobrevolando la Plaza de la República, los médicos hicieron sonar las sirenas cerca del mediodía. Volvieron entonces los aplausos.

“Es un día difícil para nosotros. Venimos a despedir a un compañero y amigo. Espero que Dios lo tenga en el cielo; era un buen tipo que nos va a seguir acompañando”, dijo el titular del SAME, Alberto Crescenti, que a la vez destacó el trabajo del resto de sus colegas. Recordar a Juan es tener presente la lucha cotidiana de miles de profesionales que siguen en el frente.

Paola de Simone murió mientras dictaba una clase virtual Paola de Simone murió mientras dictaba una clase virtual

Paola, la vocación hasta el último minuto

Paola de Simone tenía 46 años y era una reconocida politóloga y profesora de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE). Murió el 2 de septiembre mientras dictaba una clase virtual. Los minutos previos a su desvanecimiento quedaron registrados y fueron sus alumnos quienes intentaron socorrerla cuando ella les indicó que tenía problemas para respirar.

Apenas unos días antes había contado en su cuenta de Twitter sobre las dificultades del coronavirus: “Está muy complicado. Llevo más de cuatro semanas y los síntomas no se van. Un amigo nuestro está complicado. Mi marido está agotado por trabajar tanto en este momento (médico de terapia y emergencias). Llega a más público y daña más”. Paola estaba casada con Leandro hacía diez años y tenían una hija. Y los cientos de mensajes que inundaron las redes después de su partida dicen que era tal como la refleja ese tuit: una mujer que se preocupaba primero por los demás; el cansancio del hombre que amaba, la salud de su amigo.

Nunca dejó de estudiar. Se había graduado en Ciencia Política y Relaciones Internacionales en la Universidad del Salvador, tenía un MBA de la Universidad Torcuato Di Tella, y se había especializado en Recursos Humanos. Pero su pasión era la docencia. Era adorada por sus colegas y alumnos de la Universidad de Buenos Aires, de la Di Tella y de la UADE, en donde trabajó durante los últimos quince años.

Los estudiantes que asistían al zoom la acompañaron hasta el final, impotentes desde sus casas. Llegaron a preguntarle cuál era su dirección, para enviarle una ambulancia, pero ella estaba descompensada. Solo atinó a responder: “No puedo”. En uno de los últimos posteos que compartió en las redes se ve un dibujo de ella que hizo su hijita, que la pintó con capa y antifaz, y el puño en alto. Una heroína que vivió su vocación hasta el final.

Mariela Romero tenía 38 años y era mamá primeriza
Mariela Romero tenía 38 años y era mamá primeriza

Mariela no pudo conocer a su hijo

Mariela Romero tenía 38 años y esperaba con ansias la llegada de su primer hijo. Estaba casada con Fredy y el suyo era un embarazo muy buscado. Durante 14 años había trabajado como enfermera en el hospital de Villa Regina, en Río Negro. Aunque la pandemia había cambiado su rutina: para cuidar su embarazo realizaba actividades administrativas desde su casa, en la localidad de General Enrique Godoy.

Faltaba poco para que naciera el bebé cuando contrajo coronavirus. Su marido también se contagió. El 18 de septiembre fue sometida a una cesárea en el hospital donde trabajaba. Lucio nació en buen estado de salud y negativo de COVID-19. Pero el cuadro de su mamá, que sufría de diabetes e hipertensión, se agravó. Sus compañeros denunciaron negligencia, porque pasó varias horas del posoperatorio en una camilla de la guardia, antes de ser trasladada a la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital de General Roca.

Mariela murió el 23 de septiembre de 2020 sin conocer a su hijo. Su marido, que estaba contagiado, tuvo que esperar para encontrarse con Lucio y ni siquiera pudo despedirse de ella en el cementerio. Lo hizo con un posteo en Facebook: “Me dejaste ese bebé hermoso, cuidanos desde el cielo. Te amo con todo mi corazón, hasta siempre mi amor”.

Adriana Cheble (62) y Gustavo Salemme (67) estuvieron juntos 40 años. Ambos médicos cordobeses, contrajeron coronavirus y fallecieron con una semana de diferenciaAdriana Cheble (62) y Gustavo Salemme (67) estuvieron juntos 40 años. Ambos médicos cordobeses, contrajeron coronavirus y fallecieron con una semana de diferencia

Gustavo y Adriana: ni la muerte los separó

“Nacieron para estar juntos y se fueron juntos. No podía suceder de otra manera”. El que se lo dijo a Infobae fue Matías, el hijo mayor de Gustavo Salemme (67) Adriana Cheble (62), el matrimonio de médicos cordobeses que murió de coronavirus con una semana de diferencia. Estaban casados hacía cuarenta años. Él era especialista en Diagnóstico por Imágenes y ella, médica clínica.

Se conocieron cuando eran adolescentes y estudiaron la carrera de Medicina juntos. Hasta trabajaron en el mismo colegio de Córdoba para “bancarse” mientras cursaban: él como secretario y ella como preceptora. Cuando se recibieron, se entregaron por completo a la profesión. Entre otras cosas, fueron a trabajar al Norte para atender el brote de cólera. “Tenían mucha vocación y amor por el prójimo”, contó su hijo, de 37 años, que fue el que los asistió cuando se contagiaron, primero Adriana y, después, Gustavo. La hermana de Matías estaba embarazada y su hermano menor, que vivía con ellos, también se tuvo que aislar. Al día siguiente de que se internaran, pudo verlos por la ventana en el hospital. Después ya no pudo hacerlo nunca más. Su papá entró en terapia intensiva y lo siguió su mamá.

Gustavo murió el 9 de octubre de 2020. Adriana, siete días después, el 16. Se fueron sin cumplir la ilusión de conocer a su primer nieto, el último legado de toda una vida de amor. Un amor que fue más fuerte que la más cruenta de las pandemias mundiales: ni el coronavirus los separó.

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Estudios alertan que la variante brasileña infecta a quienes ya tuvieron COVID-19 o recibieron la vacuna Coronavac

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Los científicos creen que la cepa conocida como P.1 podría tener una carga viral hasta diez veces más elevada. El antídoto de la compañía china es aplicado masivamente en Brasil

Un estudio preliminar realizado por investigadores brasileños alertó que la variante amazónica del coronavirus puede sortear los anticuerpos producidos por la vacuna china Coronavac, fabricada por el Instituto Butantan y principal antídoto utilizado en la campaña de vacunación contra el COVID-19 en el gigante sudamericano.

Los científicos que llevaron a cabo la investigación aclararon que los datos son preliminares, dado que se recolectaron a partir de una muestra de tan solo ocho voluntarios, ahora deberán ser confirmados por una investigación más amplia.

Según informó el periódico brasileño Estadao, el estudio fue realizado por científicos de la Universidad de San Pablo y de la Universidad Estatal de Campinas, conocida como UNICAMP. Fue publicado este lunes en la sección de “preimpresiones” (artículos aún no revisados por otros científicos) de la revista científica The Lancet.

Una trabajadora de salud vacuna a un adulto mayor en Brasil (Reuters/ Ricardo Moraes)Una trabajadora de salud vacuna a un adulto mayor en Brasil (Reuters/ Ricardo Moraes)

La investigación

Los científicos recolectaron plasma de ocho participantes que habían recibido las dos dosis de la vacuna Coronavac hace unos cinco meses y probaron la actividad neutralizante de los anticuerpos presentes en el plasma contra la variante brasileña P.1 y contra la cepa más común en Brasil (la B) antes de que apareciera la nueva.

Fue allí cuando observaron que el nivel de anticuerpos capaces de detener el virus fue menor para la variante P.1 que para la cepa B, estando por debajo del límite de detección en la prueba.

Los científicos señalaron, sin embargo, que esta diferencia no puede considerarse estadísticamente significativa porque la muestra de voluntarios fue pequeña y el nivel de neutralización en ambos casos fue “bastante bajo”.

Igualmente, indicaron que “los resultados sugieren que P.1 (la variante brasileña) puede escapar de los anticuerpos neutralizantes inducidos por una vacuna de virus inactivado” contra Sars-CoV-2 (como es el caso de Coronavac).

Por otro lado, afirmaron que la protección de Coronavac contra casos severos de COVID-19 (visto en estudios clínicos) indica que los anticuerpos neutralizantes no son el único factor protector contra la enfermedad y que las respuestas de otras células de nuestro sistema inmunológico, como los linfocitos T o B de memoria, pueden reducir la gravedad de la enfermedad incluso si hay tal reducción en la actividad de los anticuerpos.

Sugieren que, para prevenir la transmisión de la nueva cepa, puede ser necesario aplicar una dosis de refuerzo de la vacuna, actualizada para esta u otras variantes que se presenten.

Gente con mascarillas en el Mercado de Madureira en Rio de Janeiro (Reuters/ Pilar Olivares/ archivo)Gente con mascarillas en el Mercado de Madureira en Rio de Janeiro (Reuters/ Pilar Olivares/ archivo)

Las conclusiones de otros dos estudios

La variante brasileña del COVID-19, bautizada como P.1, podría tener una carga viral hasta diez veces más elevada y es capaz de evadir el sistema inmune de aquellas personas que ya tenían anticuerpos contra el coronavirus, revelaron otros dos estudios preliminares realizados por investigadores brasileños e ingleses.

“Probablemente hace las tres cosas al mismo tiempo: es más transmisible, invade más el sistema inmune y probablemente debe ser más patogénica”, dijo este lunes en declaraciones a la agencia de noticias EFE Ester Sabino, profesora de la Facultad de Medicina de la Universidad de San Pablo (USP) y coordinadora del grupo de la USP que participó en la investigación desarrollada por el Centro Brasil-Reino Unido para el Descubrimiento y Diagnóstico de Abrovirus (CADDE).

Este estudio preliminar, publicado el pasado viernes, sugiere que la nueva variante originaria del estado de Amazonas es entre 1,4 y 2,2 veces más transmisible que los linajes que la preceden y “probablemente” es uno de los factores que están detrás de la segunda ola del coronavirus en Brasil.

Los científicos concluyeron, además, que la nueva cepa es capaz de evadir el sistema inmune y causar una nueva infección en parte de los individuos ya infectados por el coronavirus, concretamente entre el 25 y el 61%.

No se pueden explicar tantos casos a no ser por la pérdida de la inmunidad”, resaltó Sabino, quien coordinó el estudio junto con el investigador Nuno Faria, de la Universidad de Oxford.

Vista de una vacuna Coronavac (EFE/ Fernando Bizerra Jr/Archivo)Vista de una vacuna Coronavac (EFE/ Fernando Bizerra Jr/Archivo)

El estudio preliminar, basado en un modelo matemático realizado por el Imperial College London, está basado en el análisis de genomas de 184 muestras de secreción nasofaríngea de pacientes diagnosticados con COVID-19 en un laboratorio de Manaos entre noviembre de 2020 y enero de 2021.

La capital del estado de Amazonas ha sido el epicentro de la pandemia en Brasil tanto en la primera como en la segunda ola del coronavirus y vive un colapso sanitario desde finales del año pasado debido a la explosión de casos y de ingresos por coronavirus.

La investigación, que contó con el apoyo de la Fundación de Amparo a las Investigaciones del Estado de San Pablo (Fapesp), todavía no ha sido revisada por otros científicos ni publicada en revistas científicas.

Asimismo, otro estudio divulgado también el pasado viernes por investigadores de la Fundación Oswaldo Cruz de la región amazónica indica que la carga vírica en el organismo de los individuos infectados con la P.1 puede ser hasta diez veces mayor.

Brasil, uno de los países más castigados del mundo por la pandemia, acumula 10.587.001 contagios desde que registró el primer caso de la enfermedad, el 26 de febrero del año pasado, y 255.720 muertes desde que contabilizó la primera víctima, el 12 de marzo de 2020.

Tales cifras confirman al gigante latinoamericano, con sus 210 millones de habitantes, como uno de los epicentros globales del COVID-19 y como el segundo país con más muertes por la enfermedad en el mundo, superado tan sólo por Estados Unidos, y como el tercer con más contagios, por detrás del país norteamericano e India.

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El Gobierno espera tener a todos los docentes vacunados para junio

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Desde el lunes comenzó la campaña de inoculación a los maestros con la vacuna de Sinopharm. Las primeras dosis son para quienes trabajan con los alumnos más pequeños

De la mano del inicio del ciclo lectivo en casi todo el país, desde el lunes se puso en marcha la vacunación a los maestros con las dosis procedentes de China. En los próximos tres meses, el Gobierno aspira a vacunar al 100% de los docentes y auxiliares. De ese modo, de cumplirse la proyección, en junio todo el personal educativo estaría inoculado.

El gobierno nacional ya distribuyó entre las provincias el millón de dosis de la vacuna Sinopharm, que arribó en dos vuelos, entre el jueves y el domingo, desde Pekín. Si bien no todo el cargamento se destinará a docentes, la intención es que los distritos prioricen a los maestros en la fila de vacunación.

Entre el lunes y el martes, de hecho, comenzó la inoculación a los maestros de jardines maternales, nivel inicial y educación especial. El grupo fue elegido como el primero de un ciclo que incluye cinco fases.

La proyección del Gobierno es que para junio los 1.417.310 docentes y no docentes de la Argentina, desde el jardín maternal hasta el nivel superior, hayan podido ser inoculados. Claro que desde la cartera educativa aclaran que el pronóstico está atado a la llegada de las dosis al país.

Hasta el momento, solo arribaron 4 millones de dosis, muy por debajo de la expectativa oficial para el primer bimestre del año. Todas las vacunas disponibles, incluida la Sinopharm, requieren de dos dosis para completar la inoculación. Por lo cual, el proceso podría demorarse.

En casi todo el país iniciaron las clases (Foto: Maximiliano Luna)En casi todo el país iniciaron las clases (Foto: Maximiliano Luna)

En la última sesión del Consejo Federal de Educación, los ministros definieron el orden de prioridad para recibir la vacuna. Ordenaron los grupos de acuerdo a cuánto necesita cada uno el trato cercano con el alumno:

1) Personal de dirección y gestión, de supervisión e inspección, los docentes frente a alumnos de nivel Inicial (incluye ciclo maternal), los de primer ciclo del nivel primario, (1°, 2° y 3° grado) y los de educación especial. Cantidad: 457.694.

2) Personal de apoyo a la enseñanzatodo otro personal sin designación docente pero que trabaje en establecimientos educativos de la educación obligatoria. Cantidad: 247.413.

3) Los docentes frente a alumnos de nivel primario, del segundo ciclo de 4° a 6°/7° grados. Cantidad: 148.692.

4) Docentes frente a alumnos de nivel secundario, de educación permanente para jóvenes y adultos en todos sus niveles e instructores de formación profesional. Cantidad: 331.099.

5) Docentes y no docentes de institutos de educación superior y universidades. Cantidad: 273.185.

“Nuestro objetivo es completar las cinco fases de acá a junio. La vacuna de Sinopharm por ahora no está autorizada a mayores, por lo cual, se comienza con los maestros de nivel inicial, pero la prioridad una vez que estén las dosis la tienen los docentes dentro de los grupos de riesgo”, dijo a Infobae Nicolás Trotta, ministro de Educación nacional.

Algunas distritos, como la provincia de Buenos Aires y Córdoba, comenzaron a vacunar desde febrero a docentes mayores de 60 años con la Sputnik V, que sí está autorizada para los grupos de riesgo. La Ciudad de Buenos Aires, en cambio, decidió no iniciar la inoculación a los trabajadores de la educación porque aún hay personal sanitario que no fue vacunado.

De cara a la primera mitad del año, Trotta proyectó que se seguirá un sistema bimodal, con algunos días de clases en la escuela y otros días en el hogar. “Cuando haya una mejora en los indicadores sanitarios gracias a la inmunidad que generará la campaña de vacunación en toda la sociedad se avanzará en mayor normalidad en las escuelas”, planteó.

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